La vivienda digna y el empleo estable se han convertido en metas inalcanzables para miles de familias. Así lo demuestra la memoria anual presentada por Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez, que revela una inversión total de 3.012.879 euros para acompañar a 21.304 personas en situación de vulnerabilidad dentro de su territorio eclesiástico durante el último año, de las cuales 12.623 residen específicamente en el término municipal de Jerez de la Frontera.
Durante el acto de presentación, el obispo de Jerez, Monseñor José Rico Pavés, agradeció la generosidad de los donantes que sostienen esta labor. Por su parte, el director diocesano de la entidad, Eugenio Sánchez Salas, alertó —apoyándose en los últimos datos de exclusión del Informe Foessa— de que la vulnerabilidad ya no afecta solo a casos extremos o aislados, sino a familias con trabajo y redes de apoyo que, aun así, no logran mantener unas condiciones de vida dignas.
El informe institucional sitúa la vivienda como uno de los factores de empobrecimiento más alarmantes del entorno, recordando que las estadísticas de la Fundación Foessa —que analiza la provincia completa — sitúan en más de 140.000 las personas que caen por debajo del umbral de la pobreza (Cádiz) una vez pagados los costes de su residencia. Detrás de estas cifras se esconden realidades cotidianas que sufre la Diócesis jerezana, como hacinamiento, problemas de humedades, alquileres imposibles y entornos inseguros que distan mucho de ser un verdadero hogar.
A esta problemática se suma la precariedad del mercado laboral, donde tener un empleo ya no garantiza salir de la exclusión, y las barreras económicas para cuidar la salud. Según advierte Cáritas, cuando el bienestar físico depende directamente del nivel de ingresos, la exclusión social se vuelve mucho más profunda y persistente en el tiempo.
Un giro estratégico hacia la promoción social
Para responder a esta compleja realidad, Cáritas ha reorientado su estrategia financiera en el territorio con el objetivo de fomentar la autonomía de las personas y no limitarse a la asistencia básica. Aunque la partida de Acogida y Territorio para cubrir necesidades de alimentación o ropa sigue absorbiendo el 42% del presupuesto, esta cifra se ha reducido conscientemente para impulsar la inserción laboral.
Bajo este nuevo enfoque, los fondos destinados a empleo y formación aumentaron hasta los 650.907 euros (un 22% del total), lo que permitió desarrollar cerca de mil acciones de orientación e intermediación y lograr la inserción laboral con contrato de trabajo de 116 personas. Asimismo, la inversión en el ámbito de la vivienda superó los 300.000 euros para dar respuesta directa a 457 hogares con necesidades habitacionales específicas.
El nuevo perfil del usuario y la respuesta comunitaria
La memoria de 2025 también deja un cambio sociológico destacado en la Diócesis: el porcentaje de hombres que acuden a Cáritas subió de forma notable, pasando del 30% del año anterior al 43%, aunque las mujeres siguen siendo mayoría con un 57%. El perfil generalizado es el de una persona de nacionalidad española (67%), de entre 45 y 64 años (42%) y que vive en un hogar formado por una pareja con hijos (32%).
En total, las parroquias y servicios de la Diócesis resolvieron 26.990 peticiones de ayuda gracias a una sólida red humana compuesta por 671 voluntarios (72 de ellos jóvenes), 738 socios y donantes particulares —que aportaron el 28% de los fondos con más de 820.000 euros— y 115 empresas colaboradoras.
Impulso a la economía social
El balance del año se completa con los buenos resultados de Casa Común SLU, la empresa de inserción de Cáritas que facilitó 24 contratos laborales a personas vulnerables de la Diócesis. En el ámbito medioambiental, su red de reciclaje textil recogió 400 toneladas de ropa en 97 puntos de recogida diocesanos, logrando dar una segunda vida y comercializar un total de 44.410 prendas.



Síguenos en redes




