Cinco años hincando codos con sesiones de hasta 12 y 14 horas mientras hacía caminatas de 20 kilómetros diarios. Esta fue la rutina de Rosa Rodríguez, la ganadora del último bote que se ha dado en el exitoso concurso de televisión de ‹Pasapalabra›.
Así lo explica en una entrevista a ‹La Voz de Galicia› cuatro meses después de conquistar el ‹Rosco› por el que obtuvo 2,7 millones de euros brutos (unos de 1,5 millones tras el paso por Hacienda). Un dinero que, por cierto, aún no ha cobrado y que le obliga a seguir tirando de ahorros.
A Rosa le toca esperar el premio millonario, el bote más alto de la historia del programa. De este modo, al ser preguntada en el periódico gallego con la ‹c› de cobrar por si ya ha recibido el dinero asegura esta joven argentina-gallega que «las cosas de la tele llevan un tiempito». Aunque no es poca cosa, pues en el lustro que se ha pasado estudiando a tiempo completo tuvo que dejar las clases.
Cuestiona el machismo que sufrió en redes
La pregunta con la que Rosa Rodríguez (Barazategui, Argentina, 1993) ganó el Bote fue con el apellido de un jugador antiguo de fútbol americano, el mejor de la NFL en 1968: Morall. Una cuestión enrevesada por la que las redes plantearon suspicacias y echaron a arder. La joven coruñesa recibió críticas de persona que aseguraban que había tongo.
Algo que la concursante achaca al machismo: «Sobre el rosco, igual, en mi caso hubo machismo cuando se dijo: «¿Cómo va a saber esta chica algo de deportes y ¡encima de 1968!?» Cuando yo soy una apasionada del deporte, jugué al fútbol de pequeña, al baloncesto, no me pierdo un partido de tenis, lo veo todo», explica esta licenciada en Filología Inglesa, quien apunta que también se cuestionaba su apariencia en las ediciones de un programa en el que pasó meses hasta ganar el millonario Bote.
Poco a poco Rosa Rodríguez va volviendo a la vida normal tras el aluvión mediático que supuso conquistar un premio (2.716.000 euros) que su enorme esfuerzo le ha costado. Eso sí, a expensas de cobrarlo pero como dice el refrán español «hambre que espera jartura, no es hambre ninguna».



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