En los últimos seis meses he visto a más empresarios andaluces perder dinero con la inteligencia artificial que con cualquier otra moda del marketing desde que monté GF Publicidad hace más de quince años. Y nadie está hablando de ello. O peor: los que hablan son los mismos que están cobrando por el timo.
Llevo años defendiendo que el marketing tiene una gran mentira detrás: la versión simplificada que venden muchas agencias, los empresarios que creen que esto funciona solo y los trescientos euros mensuales que terminan tirados a la papelera. Pensé que ahí estaba el problema gordo del sector. Me equivoqué.
Hay otro encima. Y este es peor.
Voy a contarle qué está pasando.
El timo tiene tres caras
La primera es el curso de inteligencia artificial para empresarios. Dos mil novecientos euros. Tres mil quinientos. Cuatro mil. La promesa: vas a aprender a usar la IA para multiplicar tu negocio. La realidad: te enseñan a escribir prompts en ChatGPT, a generar imágenes y a montar un agente con cuatro herramientas conectadas. Eso es ofimática moderna. No es marketing. No le va a producir una venta más.
Conozco al menos seis empresarios sevillanos que han pagado por uno de estos cursos en los últimos meses. Les pregunto a los seis: ¿cuántos clientes nuevos has cerrado gracias a lo que aprendiste? Silencio. Algunos me dicen que están aplicándolo todavía. Aplicándolo a qué exactamente. Si su oferta no convertía antes, no va a convertir porque la escriba con ChatGPT.
La segunda cara es la agencia que cobra fees disfrazados de implementación de IA. Vienen, le dicen que su empresa necesita una estrategia de inteligencia artificial, le enseñan paneles con palabras como agentes inteligentes y automatización conversacional, y le clavan dos mil euros al mes durante seis meses. ¿Qué hacen en realidad? Le montan un chatbot en la web que contesta preguntas básicas. Le conectan ChatGPT al correo para generar respuestas automáticas. Y poco más. La factura no se la justifica el trabajo. Se la justifica la palabra inteligencia artificial.
La tercera cara es la plataforma SaaS de automatización vacía. Le venden un software con interfaz bonita, suscripción mensual y la promesa de que va a automatizar su marketing al completo. Lo que hace de verdad es enviar mensajes vacíos a una base de datos que ni filtra ni cuida. Resultado: sus clientes se dan de baja, le marcan como spam y su reputación se deteriora más rápido que antes. Pero la suscripción se sigue cobrando. Mes a mes.
La razón de fondo
¿Por qué pasa esto? Por una razón muy sencilla que repito a mis clientes desde hace años. La inteligencia artificial no arregla nada. Acelera lo que ya tiene.
Si su oferta no convierte, la IA automatiza el fracaso. A más escala. Más rápido. Más caro.
Si su base de clientes está desordenada, la IA segmenta caos. Y le manda correos a personas que ni siquiera recuerdan haberle dejado el contacto.
Si su mensaje no diferencia a su negocio del de enfrente, la IA repite mediocridad a escala industrial. Mediocridad bonita, con buenas imágenes y textos correctos. Pero mediocridad.
Hay una imagen que repito a mis clientes desde hace años porque es la clave de todo esto. Una agencia es un multiplicador. Si usted pone un 2, el sistema le multiplica a 6 o a 8. Si pone un 0, le multiplica a 0. Con la inteligencia artificial pasa exactamente igual. No multiplica desde cero. Acelera lo que ya hay.
Cuando un empresario contrata IA sin tener resueltas las cosas básicas (oferta clara, mensaje diferenciado, sistema de seguimiento de leads, base de datos cuidada) lo que está pagando no es por una solución. Está pagando para que su problema crezca más rápido.
Por qué ahora y por qué aquí
Andalucía es terreno fértil para este timo y voy a decir por qué sin pelos en la lengua. Tenemos una generación de empresarios que ha sacado adelante sus negocios sin marketing digital, que sospecha del sector porque ha sido quemada al menos una vez, y que ahora tiene miedo de quedarse atrás con la IA. Esa combinación (desconfianza previa más miedo a quedarse fuera) produce decisiones que nadie tomaría en frío.
Los vendedores de humo lo saben. Por eso el sector se ha llenado de cursos urgentes, masterclasses gratuitas que terminan en venta de programas de cuatro mil euros, y agencias que han añadido la palabra IA a su web sin cambiar nada por dentro.
Si a esto le sumamos que el propio gobierno andaluz acaba de anunciar la creación de una Consejería de Inteligencia Artificial, el ruido se va a multiplicar en los próximos meses. Más cursos. Más subvenciones mal aplicadas. Más empresarios pagando por cosas que no entienden y que nadie les explica con honestidad.
Qué debería preguntarse antes de tocar la IA
Lo digo porque no se lo va a decir nadie más. Antes de gastar un euro en inteligencia artificial para su negocio, conteste cuatro preguntas. Las mismas que llevo años haciendo a los empresarios que pasan por mis programas en León de Ventas o que se sientan en mi despacho en GF Publicidad. Siguen sirviendo. La IA no las cambia.
¿Sabe de dónde vienen los clientes que ya tiene? No clics. No impresiones. Clientes que pagan. Si no lo sabe, monte primero la medición. Y luego hablamos de IA.
¿Sabe cuánto le cuesta conseguir un cliente nuevo? Si no tiene ese número, no tiene un negocio. Tiene una intuición. Y la inteligencia artificial no intuye. Multiplica.
¿Tiene un sistema de seguimiento de los leads que entran? Si los leads se quedan flotando en una bandeja de entrada esperando que alguien se acuerde de llamar, la IA no le va a salvar. Le va a generar más leads que se van a perder igual.
¿Su oferta es diferente de la de su competencia? Si su web dice lo mismo que la del de enfrente, la IA no le va a diferenciar. Va a clonar mensajes vacíos a más velocidad.
Si las cuatro respuestas son sí, entonces hablemos de inteligencia artificial. Probablemente le venga bien. Si alguna es no, gaste el dinero en arreglar eso primero. La IA no se va a ningún sitio. Sus competidores tampoco están corriendo tanto como le hacen creer.
La gran mentira tiene ahora dos capas
Hace seis meses pensé que la gran mentira del marketing era la versión simplificada que vendía el sector. Hoy veo que esa mentira tiene encima otra más nueva y más cara. Una que viene vestida de modernidad, de futuro y de promesas tecnológicas. Una que aprovecha el miedo del empresario a quedarse fuera para vaciarle la cuenta más rápido todavía.
El marketing funciona. La inteligencia artificial sirve para mucho. Pero ninguno de los dos hace milagros. Y nadie debería pagar por un milagro. Solo los charlatanes los venden.
Si lleva un negocio en Andalucía, mi consejo es el mismo que llevo dando desde hace años. Antes de comprar la próxima herramienta que le prometan, antes de apuntarse al próximo curso urgente, antes de firmar el próximo fee mensual: pare. Mire los números reales. Y exija respuestas claras a quien le está vendiendo. Si no las tiene, váyase.
Lo demás es humo. Más nuevo. Mejor empaquetado. Pero humo.



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