Hay una queja que se repite cuando alguien habla mal de su abogado, y casi nunca tiene que ver con perder el caso. Tiene que ver con el silencio. Con las llamadas que no se devuelven, los correos sin respuesta, esa sensación de haber entregado tu problema a un despacho que no vuelve a dar señales de vida hasta que hay que firmar algo. En el mundo de los abogados de accidentes de tráfico en Sevilla, donde el cliente suele llegar dolorido, asustado y sin saber por dónde empezar, ese abandono es más grave de lo que parece. Y es justo ahí donde Miguel Rodríguez Bianquetti ha construido su reputación: haciendo exactamente lo contrario.
Más de dos décadas haciendo una sola cosa
Lo primero que hay que entender de Miguel es que no es un abogado generalista. No toca todos los palos. Lleva más de veinte años dedicado a una única materia —la responsabilidad civil y el derecho de daños— porque, según sus propias palabras, es donde puede marcar una diferencia real en la vida de alguien. Esa especialización no es un eslogan: es la razón por la que conoce al dedillo cada particularidad legal de un atropello, de un accidente de moto, de una caída en la vía pública por mal mantenimiento, de un siniestro con patinete eléctrico o de un frenazo brusco en el metro.
Es Licenciado en Derecho y colegiado ejerciente del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla con el número 13.656, una colegiación pública y verificable en el directorio del ICAS. Atiende desde su despacho en la calle Bartolomé de Medina, en pleno centro de Sevilla, pero gestiona casos en todo el territorio nacional. Quien quiera conocer su trayectoria con detalle puede leerla de su puño y letra en la página de Miguel Rodríguez Bianquetti, donde explica sin adornos cómo entiende su trabajo.
La honestidad como punto de partida
Aquí está, probablemente, lo que más distingue a Miguel del resto. La mayoría de despachos te dirán lo que quieres oír para captarte como cliente: que tu caso es buenísimo, que vas a cobrar una fortuna, que no te preocupes. Miguel hace algo mucho más incómodo y mucho más valioso: te dice la verdad desde el primer día, incluida la parte que no te gusta.
Si tu caso tiene recorrido y puede llegar a buen puerto, te lo explica. Y si no lo tiene, también te lo dice, sin marearte ni hacerte perder el tiempo. Esa franqueza, que parece lo mínimo exigible, es rara en un sector donde abunda lo contrario. Para quien acaba de pasar por un accidente y necesita tomar decisiones con la cabeza clara, saber desde el principio en qué punto está realmente su reclamación no tiene precio. Es la diferencia entre un asesor honesto y un vendedor de expectativas.
Conoce las tácticas de las aseguradoras
El trabajo de Miguel consiste, en esencia, en negociar directamente con las compañías aseguradoras. Y las conoce por dentro. Sabe cómo funcionan las ofertas a la baja que llegan justo cuando la víctima está agotada y con ganas de cerrar el asunto. Conoce los informes médicos que minimizan lesiones para rebajar la indemnización. Reconoce los plazos que se alargan deliberadamente esperando que el perjudicado desista por cansancio.
Su trabajo es que ninguna de esas tácticas funcione. Y los números respaldan el enfoque: el 95% de los casos que ha gestionado se han resuelto favorablemente, y en el 97% de las ocasiones logra mejorar la primera oferta de la compañía. No son cifras de folleto; son el resultado lógico de un método que coordina peritos médicos, valora el daño corporal según el Baremo de Accidentes de Tráfico y, cuando la aseguradora no ofrece un acuerdo razonable, no duda en llevar el caso a la vía judicial.
Se encarga de todo, para que tú solo te recuperes
Otra de las claves de su forma de trabajar es que asume el proceso completo de principio a fin. Evalúa el caso, coordina la valoración médica, negocia con la aseguradora y, si hace falta, litiga. El cliente no tiene que pelearse con el papeleo ni descifrar terminología jurídica ni perseguir a nadie. Esa es precisamente la promesa: tú te ocupas de recuperarte, él se ocupa de lo demás.
Ese acompañamiento empieza por la recuperación física. Una de las primeras gestiones del despacho es buscar para el cliente la clínica de rehabilitación más cercana a su domicilio: centros privados especializados en daño corporal, sin coste alguno para el perjudicado, porque es la compañía contraria quien abona las sesiones.
Suelen ser, además, clínicas de mejor nivel que las que ofrece la propia aseguradora del lesionado, y con una diferencia decisiva: el cliente recibe todas las sesiones que su recuperación realmente necesite, sin los topes ni las altas anticipadas habituales en otros circuitos. Porque recuperarse bien no solo es lo primero para la salud: es también la base de una reclamación sólida.
Y lo hace estando disponible. Atiende las 24 horas, porque sabe que un accidente no avisa y que las primeras 72 horas son determinantes tanto para la salud como para el éxito de la reclamación. Esa cercanía, esa disposición a coger el teléfono cuando un cliente lo necesita, es lo que convierte una relación profesional fría en algo distinto.
Sin barreras económicas: trabajo a éxito
Miguel fundó Accidentalex con una convicción: reclamar una indemnización no debería ser un calvario burocrático ni un lujo reservado a quien puede adelantar los honorarios de un abogado. Por eso trabaja a éxito. Sus honorarios están condicionados al resultado, de modo que si no se obtiene indemnización, el cliente no paga nada.
Es más, en la gran mayoría de los casos esos honorarios acaban cubiertos por las propias compañías de seguros, con lo que el cliente no tiene que abonar nada de su bolsillo. La primera consulta es siempre gratuita y sin compromiso, con precio cerrado y una hoja de encargo redactada para que se entienda sin letra pequeña. La idea de fondo es sencilla: que el dinero nunca sea el motivo por el que alguien renuncie a lo que le corresponde.
Resultados con nombre y apellido
La mejor prueba de un abogado son sus casos resueltos, y los de Miguel hablan solos. El de mayor envergadura, y también el más doloroso: una indemnización de 772.610,41 € para un padre y un hijo que perdieron en un mismo accidente ferroviario a la esposa y madre y a la hija y hermana de la familia, repartida conforme a su condición de perjudicados. A esa cantidad se sumó el Seguro Obligatorio de Viajeros, 72.121,46 euros por las dos víctimas, compatible y acumulable con la anterior, hasta alcanzar un total de 844.731,87 euros.
425.643,54 euros para la viuda de un hombre fallecido en un accidente de tráfico, negociados con MAPFRE: una reclamación que integró el perjuicio personal básico de la cónyuge, el perjuicio particular por su grado de discapacidad reconocido y el lucro cesante derivado de la pérdida del sustento familiar. 335.217,60 euros de Mutua Madrileña para un militar que viajaba como copiloto en una colisión frontal contra un tráiler: dos intervenciones de columna con prótesis lumbar, un trastorno de estrés postraumático y una depresión mayor que desembocaron en una incapacidad permanente absoluta.
Una indemnización de 42.115 euros para un copiloto con fracturas vertebrales tras una grave salida de vía. 30.287,90 euros para una motorista embestida por un turismo que invadió su carril, con fractura de tibia y peroné: Mapfre ofreció en un primer momento 25.679,20 euros, pero, al resultar insuficiente, la cifra se elevó en 4.608,79 euros tras llevar el asunto a conciliación ante el Juzgado de Primera Instancia de Sevilla. 7.809 euros para una conductora por un esguince cervical tras un alcance trasero, negociados con AXA. Casos reales, cifras concretas, personas con nombre detrás de cada uno.
La decisión que sí está en tu mano
En las reclamaciones por accidente, el tiempo casi siempre juega en contra. El plazo general para reclamar es de un año, y cada día que pasa es una oportunidad menos para construir un caso sólido. Por eso, si has sufrido un accidente en Sevilla o en cualquier punto de España, lo razonable es informarte cuanto antes de qué opciones tienes realmente.
Miguel Rodríguez Bianquetti ofrece esa primera consulta gratuita precisamente para eso: para que sepas, con honestidad y sin compromiso, si tu caso tiene recorrido o no. En un sector donde tantos profesionales cuestan que respondan, encontrar a uno que da la cara, que coge el teléfono y que te dice la verdad ya es, de por sí, motivo suficiente para empezar por ahí.



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