Saber leer los ojos de otra persona parece algo instintivo, pero en realidad es una habilidad cognitiva compleja que puede deteriorarse con ciertas enfermedades. Cuando eso ocurre, las personas pierden capacidad para entender qué sienten o qué piensan los demás, lo que afecta directamente a su vida cotidiana, sus relaciones y su autonomía.
Ahora, un equipo de investigación liderado por la doctora Carmen Pérez Enríquez, neuropsicóloga de la Unidad de Neurología del Hospital Vithas Málaga, ha dado un paso importante para detectar ese deterioro con más precisión. El estudio, publicado en la revista científica ScienceDirect, establece por primera vez valores de referencia específicos para la población adulta española en una prueba clave: el test «Reading the Mind in the Eyes» (RMET), que en español vendría a traducirse como «Leer la mente en los ojos».
La prueba consiste en mostrar imágenes de miradas y pedir al paciente que identifique la emoción que expresa cada una. Es sencilla de realizar, pero proporciona información muy valiosa sobre cómo funciona la llamada cognición social, es decir, la capacidad de interpretar las emociones e intenciones de los demás.
Qué es la cognición social
La cognición social es una función cerebral que se ve afectada en enfermedades como el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple, el autismo, la esquizofrenia o el daño cerebral adquirido. Cuando falla, el paciente no es menos inteligente en el sentido tradicional, pero sí pierde la capacidad de relacionarse con normalidad: malinterpreta señales sociales, tiene dificultades para empatizar o para anticipar el comportamiento de otros.
Hasta ahora, los médicos y neuropsicólogos usaban el RMET sin disponer de datos adaptados a la población española, lo que introducía un margen de error considerable en los diagnósticos. Factores culturales, lingüísticos y educativos pueden alterar los resultados, por lo que aplicar valores de referencia de otros países no es fiable.
El estudio evaluó a 167 adultos sanos de entre 20 y 94 años y confirma que la edad, el nivel educativo y el sexo influyen en la capacidad de reconocer emociones
Edad, sexo y educación
El estudio evaluó a 167 adultos sanos de entre 20 y 94 años. Los resultados confirman que el rendimiento en esta prueba varía según tres factores: la edad, el nivel educativo y el sexo. Las personas con mayor formación académica obtienen mejores puntuaciones; el envejecimiento, especialmente a partir de los 50 años, reduce el rendimiento; y las mujeres muestran, en general, una mayor capacidad para reconocer emociones a través de la mirada que los hombres.
Estos datos permiten ahora comparar el resultado de un paciente con el de personas de su mismo perfil, lo que cambia la utilidad diagnóstica de la prueba de forma significativa.
«Nos permite comparar el rendimiento de un paciente con el de personas de características similares, lo que mejora drásticamente la precisión de nuestras evaluaciones neuropsicológicas», explica la doctora Pérez Enríquez. «Esto significa que ahora podemos detectar con mayor exactitud alteraciones en la cognición social en patologías como el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple, el autismo, la esquizofrenia o el daño cerebral adquirido, facilitando intervenciones más tempranas y personalizadas».
La falta de valores de referencia para España limitaba la precisión de los diagnósticos neuropsicológicos. Este estudio cubre ese vacío con datos propios
Más calidad de vida
La investigadora también subraya el impacto que tiene este tipo de deterioro en la vida de los pacientes y sus familias. «Comprender las emociones e intenciones ajenas impacta directamente en nuestras relaciones personales, laborales y familiares», señala. «Detectar dificultades en este ámbito nos ayudará a diseñar tratamientos, programas de rehabilitación y estrategias de apoyo más eficaces».
El trabajo está integrado en el Instituto de Neurociencias Vithas, puesto en marcha en 2023 con el objetivo de abordar de forma especializada y coordinada las patologías neurológicas a lo largo de toda la red de hospitales del grupo, que cuenta con 22 centros distribuidos por 14 provincias españolas.



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