El mercado laboral de la provincia de Cádiz ha alcanzado un punto de inflexión histórico. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la provincia ha logrado romper por primera vez la barrera de los 500.000 ocupados, situando la cifra total de trabajadores en activo en 502.800 personas.
Este avance histórico viene acompañado de un notable descenso en la tasa de desempleo, que se sitúa en el 17,34%. Este porcentaje representa el nivel de paro más bajo registrado en la provincia desde el tercer trimestre de 2007, consolidando la tendencia de recuperación iniciada a principios de año. En términos absolutos, el número de personas desempleadas se reduce hasta las 105.400.
Líder en crecimiento trimestral
Durante el segundo trimestre, la ocupación en Cádiz se disparó un 8,1% en comparación con el trimestre anterior, sumando 37.700 nuevos trabajadores. Este ritmo de creación de empleo supera de forma holgada la media de Andalucía (+1,7%) y la del conjunto de España (+2,1%).
Sin embargo, las cifras también encienden las alarmas sobre la falta de diversificación del tejido productivo. El sector servicios ha vuelto a actuar como el motor casi exclusivo del empleo en la provincia, acaparando el 83,2% de las nuevas contrataciones trimestrales, lo que equivale a 31.400 nuevos ocupados impulsados por las campañas previas a la temporada estival.
El reto del desempleo estructural
A pesar del optimismo de los datos históricos, la realidad del desempleo sigue siendo un desafío mayúsculo para las administraciones. Con un 17,34% de paro, Cádiz se mantiene en la zona alta del desempleo nacional, situándose como la segunda provincia con la tasa más alta de España, solo por detrás de Granada (17,53%).
Las reacciones políticas no se han hecho esperar. Desde la Junta de Andalucía destacan que estas cifras demuestran la confianza y la inversión generadas en el territorio, mientras que el análisis sindical y sectorial insiste en la necesidad de potenciar industrias estables y de alto valor añadido, como la naval o las energías renovables, para reducir la excesiva dependencia del sector servicios y el turismo.



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