Esta campaña de 2026 pasará a la historia por ser la más temprana, habiéndose adelantado al pasado 27 de julio. El campo y el clima han jugado en la misma dirección para que la cosecha tenga visos de especialidad suprema. A finales de julio, la maduración de la uva ya superaba los 11,70 grados (rozando incluso los 12 en el centro de Jerez, frente a los 10 habituales), un nivel equilibrado que los enólogos buscaban con precisión para garantizar el dulzor ideal en la fermentación completa.

El ciclo arrancó en los viñedos jerezanos por ser una zona más seca, para continuar después en Sanlúcar y las áreas de costa.
Lejos del mildiu y la sequía de 2025
A pesar de los desafíos evidentes del cambio climático, este año el sector respira aliviado. Las lluvias intensas de invierno calaron a fondo en el terreno, y la extraordinaria capacidad de retención de humedad de los suelos de albariza protegió las vides. Además, la combinación con una primavera bastante seca evitó la proliferación de hongos como el mildiu, tan comunes en zonas costeras húmedas.
Frente a la erosión de los golpes de agua concentrados, los viticultores han recurrido a técnicas tradicionales vitales como el labrado mediante la serpia —barreras en la tierra para contener el terreno en pendiente—.

El presidente del Consejo Regulador del Marco de Jerez, César Saldaña, destaca que también se están introduciendo cubiertas vegetales y recuperando variedades prefiloxéricas del siglo XIX, como la palomino de ciclo largo, para blindar el viñedo de cara al futuro.
Previsión: entre 55 y 60 millones de kilos de uva
Con estas cartas sobre la mesa, las previsiones para la campaña actual son inmejorables. El Consejo Regulador estima una recogida total de entre 55 y 60 millones de kilos de una uva excepcionalmente sana. La molturación se llevará a cabo en algo más de 30 lagares, abastecidos por las cerca de 7.000 hectáreas de viñedo que componen la demarcación.
El gran contraste a este éxito agrícola se encuentra en el mercado exterior, donde los datos del primer semestre y las previsiones para el cierre de año impiden un optimismo pleno. En el cómputo de los últimos doce meses, el sector confirma una contracción superior al 6% en sus exportaciones. Este retroceso responde a un escenario internacional complejo y marcado por la máxima incertidumbre, donde pesan factores como los conflictos en Europa y Oriente Medio, las tensiones por el cierre del estrecho de Ormuz, la política arancelaria de Estados Unidos y la presión fiscal en el mercado británico.
Para contrarrestar esta caída en el volumen de ventas general de bebidas alcohólicas, los productores gaditanos están reorientando su estrategia comercial hacia el segmento premium. El objetivo es buscar una mayor exclusividad que compense el mercado masivo, investigando y elevando el producto hacia los estándares de élite para sostener la facturación general. Por ahora, todas las miradas están puestas en la reacción que muestren plazas tan determinantes como el norte de Europa y el Reino Unido de cara a la campaña de invierno y Navidad.
Al final de la jornada, la vendimia demuestra ser un motor redondo para la economía de Cádiz: un engranaje perfecto que mueve espacios naturales, agricultura, innovación técnica, comunicación y comercio internacional.


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