La esencia y las raíces de Jerez de la Frontera han resonado con fuerza en el corazón de Galicia. Un grupo de 122 alumnos del Colegio Nuestra Señora del Pilar, Marianistas, culminó con un éxito rotundo y un arte propio de la tierra jerezana, su peregrinación al Camino de Santiago, dejando una huella imborrable y un sello profundamente artístico a su llegada a la icónica Plaza del Obradoiro.
Los estudiantes jerezanos alcanzaron las puertas de la catedral compostelana tras completar una intensa y emotiva experiencia de diez días de ruta a pie. La mezcla de cansancio, superación y alegría acumulada durante las diferentes etapas del trayecto se desbordó por completo al alcanzar la tumba del Apóstol con la categoría de jóvenes con raíces impregnadas de flamenco de Jerez y una educación propia de la casa marianista.
Un broche de oro espontáneo y viral
La gran sorpresa de la jornada, que ya se ha vuelto viral en las redes sociales del centro educativo, se produjo en mitad de la plaza frente a la mirada atónita del resto de peregrinos. Para celebrar el final de la andadura, el reconocido cantaor jerezano de proyección internacional, David Carpio, rompió a cantar y a marcar el compás.
A este improvisado escenario improvisado se sumó rápidamente Pepe Díaz, profesor de educación física del centro escolar, quien se arrancó a bailar por bulerías rodeado por un gran círculo formado por los propios alumnos, que acompañaron la escena con palmas y vítores.
Identidad cultural y esfuerzo educativo
Desde la comunidad educativa de los Marianistas han calificado el momento en sus redes como «un bonito broche para este Camino tan intenso y tan emotivo», añadiendo una bonita reflexión, «cuando se llega a Santiago, si se lleva Santiago dentro, se nota».
Este gesto espontáneo no solo sirvió de celebración, sino que trasladó a Galicia una de las expresiones más reconocibles del flamenco y la identidad cultural de Jerez. El centro demuestra así cómo el arte de la tierra puede aparecer de forma natural lejos de los escenarios convencionales, acompañando momentos clave de convivencia, esfuerzo compartido y valores pedagógicos.
Tras este emotivo fin de fiesta que ya forma parte de la historia del colegio, la expedición jerezana inicia el viaje de vuelta a casa con las mochilas cargadas de anécdotas y un recuerdo que, como aseguran sus protagonistas, será «para toda la vida».



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