El núcleo de esta intervención policial radica en una arriesgada maniobra de fuga que estuvo a punto de costarle la vida al propio conductor de la embarcación.
Los hechos se desencadenaron cuando la patrullera del Servicio Marítimo Provincial de la Guardia Civil, integrada en los despliegues preventivos contra el tráfico de sustancias estupefacientes, localizó una lancha de recreo cabinada que realizaba giros altamente sospechosos al percatarse de la presencia de los agentes uniformados.
Un timón sin gobierno y un rescate al límite
Al aproximarse la dotación oficial para proceder a una inspección ordinaria de seguridad, el patrón y único ocupante de la nave tomó la drástica decisión de arrojarse al agua para tratar de eludir la acción de la justicia. La maniobra generó una situación de peligro extremo.
El ahora detenido abandonó el puesto de mando dejando el motor embragado —es decir, con la marcha metida y el sistema de transmisión conectado mecánicamente— a una velocidad constante. La inercia provocó que la embarcación recreativa comenzara a virar en solitario sin control, en una trayectoria errática que amenazaba de forma inminente con pasar por encima del sospechoso que flotaba en el agua.
Ante la gravedad del escenario, los guardias civiles se vieron obligados a saltar a bordo de la lancha en marcha para gobernarla desde la consola y frenar su avance de forma inmediata. Una vez neutralizado el riesgo de atropello marítimo, los agentes ejecutaron con éxito las maniobras de rescate para poner a salvo al prófugo y proceder a su aseguramiento en la cubierta policial.
Veinte fardos ocultos en el interior de la cabina
El registro minucioso del habitáculo desveló el verdadero motivo de la desesperada huida del navegante. En el interior de la cabina se hallaron alineados veinte fardos de arpillera, el tejido rústico de estopa tradicionalmente empleado por las mafias del Estrecho para impermeabilizar y transportar la droga en fardos compactos. El pesaje oficial de las sustancias intervenidas arrojó un balance total de ochocientos kilos de hachís.
La operación policial se saldó con la detención inmediata del sospechoso por un presunto delito contra la salud pública, además de la incautación judicial del cargamento ilícito y la aprehensión de la lancha recreativa, propulsada por un potente motor fueraborda de trescientos caballos de fuerza.



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