Los últimos asesinatos machistas registrados en Málaga y en el resto de España han vuelto a poner el foco sobre el repunte de estos crímenes durante los meses de verano. Sin embargo, la psicóloga experta en violencia de género Desirée Infante insiste en que el origen de esta violencia no está en las altas temperaturas, sino en una problemática estructural vinculada al control que ejerce el agresor sobre la víctima.
«La violencia de género tiene una causa estructural. Es el deseo de control, el dominio del agresor sobre la víctima», explica Infante, quien subraya que «no podemos hablar realmente de que el aumento de violencia viene porque haga calor o porque sea verano».
Aumento de riesgo por mayor convivencia
Según la especialista, el periodo estival reúne una serie de circunstancias que incrementan el riesgo. La mayor convivencia entre víctima y agresor, la alteración de las rutinas y el menor contacto con el entorno favorecen el aislamiento, uno de los factores que, junto al silencio, sostiene este tipo de violencia.
«En verano aumenta el riesgo porque hay mayor convivencia. Se pasan muchas más horas juntos, hay menos espacios de desconexión y mayor vigilancia del agresor hacia la víctima», señala. A ello se suma que «la violencia de género necesita dos factores clave: el aislamiento y el silencio. Justo en esta época del año se propician esas dos circunstancias».
Infante también destaca que las vacaciones suelen coincidir con un aumento de las separaciones sentimentales, un momento especialmente delicado. «Es donde se suelen dar mayores separaciones o una mayor decisión de separación», explica, recordando que es precisamente cuando el agresor percibe que pierde el control cuando puede producirse una escalada de la violencia.
Eventos deportivos y consumo de alcohol
La psicóloga también se refiere a los grandes acontecimientos deportivos, como el reciente Mundial de fútbol, que diversos estudios han relacionado con un incremento de los episodios de violencia machista.
En este sentido, aclara que el deporte no provoca por sí mismo estos comportamientos, aunque sí puede coincidir con otros factores de riesgo. «El alcohol no genera violencia ni la justifica, pero nos hace tener una pérdida del autocontrol», afirma. Según explica, cuando se combina un elevado consumo de alcohol con emociones intensas derivadas de un evento deportivo «todo eso va a magnificar esas emociones y las conductas violentas».
Señales de alerta
Infante insiste en que la violencia machista rara vez aparece de forma repentina, sino que suele desarrollarse de manera progresiva mediante conductas de control que muchas veces pasan desapercibidas.
Entre las primeras señales menciona el control del teléfono móvil, la exigencia de compartir la ubicación, los celos constantes, el aislamiento progresivo del entorno familiar y social, el control económico, las amenazas o las humillaciones.
«Hay veces que empieza con gestos que parecen preocupación, pero hay que preguntarse si es preocupación o es control», advierte.
También considera especialmente significativa la aparición del miedo dentro de la relación. «Una relación no tendría que haber miedo, tendría que haber confianza», resume.
Críticas al sistema VioGén
Preguntada por los casos en los que las víctimas estaban integradas en el sistema VioGén, la psicóloga sostiene que todavía existen importantes carencias en la protección.
«Lamentablemente, está fallando el sistema», afirma. A su juicio, aunque la herramienta supone un avance, «no garantiza aún la seguridad de la víctima al completo».
Asimismo, considera que debería mantenerse constancia de los casos incluso cuando la mujer retira la denuncia, ya que esa decisión puede estar condicionada por el miedo o la manipulación del agresor.
El papel del entorno
La especialista destaca que el entorno cercano desempeña un papel fundamental para detectar y acompañar a las víctimas, aunque insiste en que debe hacerlo sin presiones ni juicios.
«Muchas mujeres no cuentan lo que están viviendo porque tienen miedo, vergüenza o dependencia emocional de su agresor», explica. Por ello, considera esencial «saber escuchar, no juzgar y ofrecer apoyo».
Infante recomienda prestar atención a cambios de comportamiento, como el aislamiento, la reducción del contacto con familiares y amigos o la necesidad constante de estar pendiente del teléfono cuando la pareja está presente.
Respecto a la posibilidad de denunciar en nombre de la víctima, se muestra prudente. Aunque reconoce las limitaciones actuales del sistema, advierte de que hacerlo sin el consentimiento de la mujer «podría ser incluso perjudicial para ella» si el agresor toma represalias. Por ello, defiende que la decisión debe partir de la propia víctima, ofreciendo siempre acompañamiento y apoyo durante el proceso.



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