Antonio Maíllo, candidato de Por Andalucía —la coalición de izquierdas en la que confluyen fuerzas como Podemos y Sumar, entre otras— ha ofrecido una de sus apariciones más íntimas y personales de la campaña hacia el 17M en un formato de su propio partido.
Sentado frente a José Manuel Jurado, compañero de partido, Maíllo ha hablado de sí mismo: del cáncer que tuvo, de su decisión de dejar el instituto para volver a la primera línea política y del miedo al «neomachismo» y la homofobia creciente. Maíllo quiere mostrar una contundencia intencionada que se vio claramente en el primero de los dos debates a cinco previstos en organismos públicos.
«Yo me vine del instituto porque no me voy a perdonar que la sanidad se deteriore», expresa Maíllo en uno de los momentos más destacados. La sanidad pública, explica, no es para él una cuestión de debate programático: es, literalmente, la razón por la que sigue vivo.
Yo me vine del instituto porque no me voy a perdonar que la sanidad se deteriore
«A mí la sanidad me salvó la vida», afirma con rotundidad, y a continuación amplía el argumento más allá de su historia individual para convertirlo en un argumento político de fondo: «Yo no estoy aquí, ni yo ni mucha gente. Que sin la sanidad pública no estamos».
Para ilustrar el peso de esa afirmación, Maíllo recurre a la comparación con dos países que considera ejemplos de lo que no debe ocurrir en España. «Si viviese en Marruecos, o en Estados Unidos, dos países aparentemente más distantes, y no estoy aquí porque o tienes pasta para pagar un tratamiento anticáncer o te mueres».
Homofobia, regresión y memoria generacional
En la segunda parte de su exposición da un giro hacia un territorio igualmente personal. Maíllo, que pertenece a la generación que vivió en España la transición desde la represión de la dictadura hasta el reconocimiento progresivo de los derechos LGTBI, habla desde la experiencia de quien sabe lo que se pierde cuando esos derechos desaparecen.
«Yo no quiero volver a mi sufrimiento», dice en un momento de la entrevista que detiene la conversación. Y explica el contexto de esa afirmación: «Nosotros, lo de la generación de los 60, lo pasamos regular, y los procesos de reconocimiento de nuestra identidad no fueron los de ahora».
La preocupación no es nostálgica sino presente. Maíllo ve señales que le alarman en el debate político actual: «Yo estoy viendo ahora mucha homofobia también instalada.» Y lo enmarca en un fenómeno más amplio que identifica como una amenaza estructural: «Ese neomachismo hoy potente, que niega la violencia feminista. Otra vez los insultos a los gays.»
«Hay que defender valores y conquistas que no se pueden dar marcha atrás, porque en el fondo si gana es que te destrozan la vida tal como tú la entiendes», concluye el candidato, en una frase que condensa el tono de toda la conversación.

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