Andalucía ha sido la tumba del puentismo. Los dos accidentes ferroviarios que han marcado la actualidad política de 2026 se produjeron en trenes que viajaban hacia esta región o partían de ella. Y cada vez que el ministro ha pisado la comunidad este año ha sido por malas noticias: primero, la tragedia de Adamuz en enero; después, desde su despacho abordó con tuits, vídeos y grafismos la cuestión del talud de Álora, esa que él mismo calificó como una obra de «bigotes» y que dejó a Málaga durante meses sin Alta Velocidad con Madrid.
Todo ello pese a que en febrero de 2025, en un acto del PSOE en la localidad granadina de Armilla, prometió venir al menos una vez al mes a Andalucía, a cualquiera de sus ocho provincias, porque tenía «mucho que contar». «Me vais a tener aquí hasta en la sopa», presumió. Y no se refería a su presencia Twitter. La defensa de su departamento la ha librado a golpe de comunicado y no sobre el terreno, y su relación con la comunidad autónoma más poblada de España ha sido, como mínimo, tirante.
Dos viajes oficiales a Sevilla
Sevilla lo retrata. En la capital andaluza, donde empresarios y Junta llevan años clamando por las infraestructuras que dependen del Estado, Puente solo ha estado dos veces, ambas en 2024, según la agenda de La Moncloa. En febrero de aquel año vino a inaugurar la conexión de Espartinas con la A-49 y la SE-40, y en abril regresó para dar explicaciones técnicas sobre los retrasos y el sobrecoste del puente del Centenario. Desde entonces, nada.
No sorprende, por tanto, la distancia con el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, que llegó a escribirle una carta en catalán por si así le hacía más caso. Puente, lejos de tender puentes, valga la redundancia, le acusó de ser la autoridad local más hostil de Andalucía. En Málaga, sus tiranteces con Francisco de la Torre, al que conoce bien de su etapa como alcalde de Valladolid, han sido sonadas, aunque más amables. Y ni siquiera su paisana Marifrán Carazo, alcaldesa de Granada y exconsejera de Fomento, le ha ahorrado críticas por el déficit ferroviario de la ciudad de la Alhambra.
Las quejas en cuestión de carreteras
En carreteras, las quejas sobran. En Málaga, donde los atascos son ya marca de la casa, ha escocido que la AP-7 no reciba las mismas bonificaciones que la AP-9 gallega. En Sevilla, la SE-40 sigue sin cerrarse, y en Jaén la A-32 no tiene ni un solo tramo en obras.
El Ministerio se escuda en sus cifras: más de 2.000 millones ejecutados en el Corredor Mediterráneo andaluz, la variante de Loja o las inversiones portuarias. Pero el papel de Puente ha sido mucho más político que técnico. Ha ejercido de ariete del presidente y ha apretado las tuercas a Juanma Moreno una y otra vez desde su auténtico estrado oficial: la red social X, siempre conocida como Twitter.
Lo cierto es que provincias como Huelva o Sevilla, golpeadas por Adamuz y Urda, difícilmente guardarán cariño a un ministro que cargará para siempre con un estigma: era él quien gestionaba los trenes cuando se produjeron dos de los peores accidentes ferroviarios de la historia de España.




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