La cuenta atrás para el 15 de julio ya ha comenzado en la frontera de Gibraltar, donde las obras para desmontar el histórico paso de control avanzan a contrarreloj. Diez años después de que el 96% de los gibraltareños votara a favor de permanecer en la Unión Europea en el referéndum del Brexit, el Peñón se prepara para la aplicación provisional del acuerdo entre Londres y Bruselas. Una medida que suprime la Verja física y los controles aduaneros, convirtiendo a la colonia en el único territorio vinculado al Reino Unido que formará parte del espacio Schengen.
La inminente desaparición de las barreras genera una doble realidad a ambos lados de la frontera: de una parte, representa un alivio histórico para los cerca de 15.000 trabajadores transfronterizos españoles que cruzan a diario para sostener su economía familiar y la economía local. En la otra vertiente, despierta una notable incertidumbre entre los 34.000 residentes llanitos, divididos entre la expectación comercial y el recelo por la seguridad interior.
«Franco nos encerró»
El principal temor de la población gibraltareña radica en que la apertura total de la frontera incremente los índices de criminalidad en un territorio que tradicionalmente registra cifras muy bajas. Ante esta inquietud vecinal, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, ha salido al paso en un encuentro con medios españoles, atribuyendo este recelo al «efecto psicológico de lo que nos hizo Franco» con el cierre total de la Verja en 1969.
«Franco nos encerró, dividió a familias e hizo que muchas personas que vivían en la zona y trabajaban en Gibraltar tuvieran que emigrar», denunció Picardo, subrayando que los gibraltareños se quedaron «enjaulados» entre la frontera y el mar. El mandatario recuerda que aquel aislamiento, que se prolongó hasta la reapertura aduanera en el 82 generó de forma colateral un arraigado e irónico «sentido de seguridad» al dejar a la población confinada.
«Mi padre dejaba las llaves puestas en el coche porque nadie podía sacarlo del Peñón», comenta para explicar la mentalidad defensiva que aún pervive en el sentimiento llanito.
Para contrarrestar este riesgo y calmar a la ciudadanía, el Gobierno de Gibraltar ha confirmado una importante inversión en alta tecnología. El despliegue incluye cámaras de reconocimiento facial en los accesos del aeropuerto y en las vías principales, además de una densa red de video vigilancia en todo el territorio para identificar a personas buscadas.
El peaje económico: un nuevo impuesto del 15%
El encaje de Gibraltar en el marco comunitario de casi pleno derecho implicará también asumir contrapartidas, especialmente en el terreno fiscal para equilibrar la balanza con el Campo de Gibraltar. El acuerdo prevé la implantación en el Peñón de un nuevo gravamen general indirecto homologable al IVA, que se inicia en un 15% y ascenderá al 17% en un periodo de tres años.
Esta reforma impositiva suscita dudas entre los residentes por la posible pérdida de poder adquisitivo y entre los comerciantes de Main Street, cuyos productos estrella como la joyería —que actualmente solo tributa un 3%— verán alterados sus precios. No obstante, el sector empresarial mantiene un tono optimista, confiando en que el fin definitivo de las colas fronterizas actúe como un imán para los visitantes españoles y europeos, compensando así el impacto de la subida impositiva.
Identidad y soberanía inalterables
Pese a la histórica integración aduanera con el continente y la evidente interdependencia económica de la mano de obra transfronteriza, las autoridades y representantes sociales del Peñón se han apresurado a marcar distancias respecto al debate político con España.
«Que la gente no quiera que exista una frontera no debe confundirse con que quieran un cambio de soberanía», ha advertido con rotundidad Alfred Bassadone, miembro de la Cámara de Comercio de Gibraltar.
En los mismos términos se ha expresado la ministra de Sanidad y Negocio, Gemma Arias-Vasquez, perfilada como relevo de Picardo para el próximo otoño, quien ha descartado cualquier dilución de la identidad local: «Tengo plena confianza en que el gibraltareño seguirá siendo muy gibraltareño incluso más» asegura mientras compara su lógica defensa de la identidad local advirtiendo que los españoles no se sienten menos españoles porque no haya frontera con Francia ni los franceses menos franceses al tener frontera con España.



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