En el primer debate televisado de esta campaña al 17M los candidatos, tres de ellos, se la jugaron al verde: PP, PSOE y Vox apostaron por el color predominante de la bandera andaluza en diferentes tonos. Fue una de las anécdotas de un primer enfrentamiento soso.
En el segundo ‹round› no creció demasiado el ritmo del combate, aunque los tres principales partidos (al menos, en cuestión de voto y opciones) no se la jugaron al verde ‹esperanza› sino que populares y socialistas retomaron sus tonos clásicos mientras el candidato voxero tiró por una corbata vino tinto por si las moscas se repetía con Juanma Moreno.
La puesta en escena
De un lado a otro del panel, según la configuración elegida por la RTVA, el cartel fue el siguiente: Manuel Gavira cambia el verde ‘voxero’ por una corbata de color vino tinto; María Jesús Montero tiró de un traje de un potente rojo socialista; José Ignacio García se mantuvo en su estilo de camiseta y americana con una ‹t-shirt› dedicada a García Lorca; Juanma Moreno se pasó a la corbata azul marino; y Antonio Maíllo, en su línea con chaqueta y camisa pero sin corbata y otra vez un lazo rosa como guiño a las pacientes de cáncer mama y a la crisis de los cribados.
Segunda parte similar
En el ‹primer tiempo› se quedó esa idea de que a fin de cuentas lo que le toca a Juanma Moreno es aguantar el tipo contra los cuatro que le persiguen muy de lejos. Y no hubo demasiado experimentos en este segundo embate. Si acaso todo planeo esa idea de cuatro contra uno, el candidato del PP.
Sí hubo tensión y momentos de ataques frontales. La tensa ironía que Moreno le dedicó a su rival socialista («ha estado muy bien, señor Montero, de verdad»); el candidato de Adelante Andalucía tildando de «mala persona» al de Vox; intentos de que el candidato a la reelección cayera en alguna trampa o «fango» en las palabras del propio dirigente del PP-A.
Esta vez lo que no hubo fue carteles ni paneles ni gráficas después de que la fórmula no funcionara hace siete días. Todo se fío a la oratoria, a la porfía, al reproche, a insinuaciones, a buscar el resbalón del contrincante a izquierda y derecha, y viceversa. Pero los famosos ‹spin doctors›, los asesores políticos de los cinco, llevaban muy estudiado de casa conservar el empate como mínimo. Muescas de desagrado y poco más.
Un debate del que se extraen pocas conclusiones
En definitiva, la segunda vuelta tampoco fue para tirar cohetes en un debate ‹reliado› con demasiados voces y pocas nueces. Si algún andaluz saca una conclusión de este ‹debate decisivo›, que deciden más bien poco o nada, es que tiene una capacidad analítica enorme.



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