Hay libros que se leen como novelas y se recuerdan como experiencias. ‹El último brindis› (HarperCollin), del periodista y director de ABC Julián Quirós, es uno de ellos. Es una crónica novelada ambientada en la Valencia de hace 15 años, cuando Quirós dirigía el diario ‹Las Provincias›, y retrata con nombres ficticios (y otro reales) cómo funciona la relación entre el poder político, el poder económico, la justicia y el periodismo. Quién llama, qué pide, cómo presiona, qué ocurre cuando se cede y qué ocurre cuando no.
Quirós presentó el libro esta semana en Málaga, ciudad en la que comenzó su carrera como subdirector del Diario Sur y a la que describe como «el sitio donde empezó todo para mí». Lo hizo con una advertencia: lo que cuenta en sus páginas no es una historia singular de un tiempo y un lugar concretos. «Contando una historia específica, cuento una historia que, por desgracia, es bastante habitual, que se repite hasta nuestros días y que se repetirá siempre si no se vigila».
«Los hechos ocurrieron hace 15 años, pero los arquetipos son los mismos que vemos hoy; hay personajes que podrían ser los ahora conocidos Víctor Aldama o José Luis Ábalos»
La Valencia de la burbuja urbanística
El libro está ambientado en una época concreta, la Valencia de la burbuja urbanística, de las grandes fortunas construidas al calor de la política autonómica, de los empresarios con acceso directo a los despachos y de los medios de comunicación haciendo equilibrios en ese engranaje. Quirós la vivió desde dentro, dirigiendo uno de los periódicos de referencia de la comunidad.
Pero la historia que cuenta trasciende ese tiempo. «Hay personajes que ahora son de la actualidad muy conocidos que resulta que salen en el libro con otro nombre y en otro sitio, pero el arquetipo es el mismo», explicó el autor. El libro fue escrito en 2023, antes de que el nombre de Víctor Aldama apareciera en los titulares o de que se conocieran las prácticas del entonces diputado José Luis Ábalos. Sin embargo, ya estaban allí. «Aparece un Víctor Aldama en la novela que se llama El Canterito. Y aparece un diputado que se llama Frasco, que hace exactamente las mismas cosas que José Luis Ábalos.»
No es videncia. Es, según el propio Quirós, la demostración de que estos mecanismos se repiten con independencia del nombre, el partido o la época.
Ficción la justa
Quirós fue preciso sobre la naturaleza del libro. Admitió desde el principio que no es periodismo: «En él altero y manipulo los hechos, en la acepción noble de la palabra». Pero también fue claro sobre hasta dónde llega la invención. «Hay poca ficción en esas dinámicas. Buena parte de lo que cuento son episodios reales. Otros son verosímiles o podrían haber ocurrido».
Y añade que esa distinción, en el fondo, es secundaria: «No es trascendente tanto que sean episodios reales como que reflejen con fidelidad cómo son las relaciones entre el poder político, el periodismo, la acción judicial y los grandes empresarios«. Gente de aquella época en Valencia se lo ha confirmado. «Me ha escrito bastante gente para decirme algo que a mí me vale con eso: el libro es fiel a lo que pasó. Eso es lo que yo buscaba».
«No quería retratar la obviedad de buenos y malos», explica. «Quería retratar los mecanismos de las personas, las razones por las que actúan como actúan»
Uno de los grandes valores del libro es que no se centra en señalar al corrupto de turno. Lo que interesa a Quirós son los engranajes, cómo llega una llamada a un director de periódico, qué se pide, en qué tono, con qué consecuencias. «No quería retratar la obviedad de buenos y malos», explica. «Quería retratar los mecanismos de las personas, las razones por las que actúan como actúan».



Las redacciones de medios, desde dentro
En ese sentido, la novela opera en varios planos. Uno es la presión que ejercen el poder político, los grandes empresarios o los presidentes de instituciones sobre los medios. Otro es interno, y quizás más sorprendente para el lector que no conoce el mundo de las redacciones. En el libro aparece el personaje de Pulpón: «La idea de ese personaje es meter otro mecanismo de presión que tienen los periodistas, que no solo son externos, sino que pueden ser internos», explica Quirós.
«Me parecía muy interesante, más allá de retratar a otro malvado, retratar las vicisitudes que pasamos y las tensiones y el conflicto de puntos de vista que vivimos los periodistas también dentro». El personaje cobra además una dimensión extra en el momento actual. El periodismo atraviesa, en palabras del propio Quirós, «una transición muy grande, muy veloz y muy determinante», y en ese contexto de cambio acelerado «las tensiones, las dudas, las confusiones y los vaivenes están a la orden del día». Los pulpones, sugiere el libro, proliferan precisamente en esa inestabilidad.
«Cualquier poder que no tiene freno se expande»
El libro tampoco exime al sistema judicial. Quirós recordó que en su etapa en Valencia publicó informaciones respaldadas por fiscales e informes policiales sobre casos que, seis años después, fueron archivados. «Esa es otra enseñanza del libro: cómo se pueden fabricar casos falsos.» Una reflexión que no va dirigida contra el sistema en su conjunto, sino contra sus excepciones y contra la falta de mecanismos de control. «Cualquier poder que no tiene freno se expande. Eso es así de claro.»
Sólo con la vigilancia se evitan las tentaciones de los abusos, del tipo que sea
Con más de treinta años de carrera y cuatro periódicos dirigidos, Quirós tenía material. La pregunta era cómo usarlo. La respuesta fue una crónica novelada: «Aquello que cuento ya se había contado muy bien por los medios de comunicación desde el punto de vista informativo. Pero yo tenía elementos para contar esa historia de otra manera, para ir más allá». El formato literario le dio esa libertad. El resultado es un libro que se puede leer como una novela sobre Valencia, como un ensayo sobre el periodismo o como un espejo en el que reconocer dinámicas que siguen ocurriendo hoy en día.



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