Los días previos a la final, los tertulianos y analistas seguían desentrañando el enigma Luis de la Fuente: cómo aquel riojano con un carisma inusual para los tiempos, que había pasado sin pena ni gloria por el verde, un ‘arbeiter’ de los banquillos, podía ya colarse en el debate con Luis Aragonés y Vicente del Bosque de ser el mejor seleccionador español de la historia. Incluso, dicen algunos el mejor entrenador de la historia de España. Tiene pinta de que va ser un debate intenso con este título con el que sobrepasa a ‹Bigotón› Del Bosque como seleccionador al tener la Liga de Naciones.
Es curioso que en años de lo woke y una supuesta corriente de pensamiento del buenismo, De la Fuente ha irrumpido como un hombre que reivindica el catolicismo (si lo hace Rosalía por qué no el entrenador de España), taurino (hace un par de décadas a nadie le habría extrañado) y con ese punto de cuñado perfecto entre la sensatez, la mano izquierda y las muchas horas de press banca y un cuerpo bastante torneado. Así como el Marqués de Bradomin, alter ego literario de Valle-Inclán, se definia como «feo, católico y sentimental», el riojano bien podría definirse como «fuerte, católico y sentimental».
Paso espectacular por la absoluta
El caso es que desde un punto de vista su paso por el fútbol de selecciones absolutas es espectacular. Cogió a España y de corrido la hizo campeona de la Liga de Naciones, el ensayo previo para luego ser campeón de Europa a la primera oportunidad y después primer Mundial y a la cazuela.
Y todo ello con buen fútbol, sin estridencias, ganando a selecciones de primer nivel, sin recurrir a tandas de penaltis y extrayendo petróleo de cada jugador que saca. Lo que llama la atención es que tras una época marcada por los entrenadores filósofos y exegetas que desentrañaban los métodos de técnicos de primer nivel, De la Fuente llega sin apóstoles detrás que hagan poemas con sus genialidades. Se muestra como el hombre sencillo, campechano que es, uno que ha mamado el fútbol desde el barro hasta el champán y las miles que saborea hoy. Con toda la justicia
Un cachorro del Athletic Club curtido en el fútbol de barro
Luis de la Fuente Castillo (Haro, La Rioja, 21 de junio de 1961) es uno de esos riojanos que fue ‘cachorro’ del Athletic Club de Bilbao, un jugador que solamente vieron aquellos que ya peinan canas, uno más de tantos que han pasado por el campeonato español. Su historia futbolística comienza a ser de película en los banquillos. Tras años moldeando a los internacionales del futuro en las categorías inferiores de la Selección, le llegó su oportunidad tras la marcha de Luis Enrique.
Un mantra de los analistas-a toro pasado ahora es que el que lleva muchos años en algo vale para ese algo, pero claro hay que demostrarlo. Fue de los que aplaudió en aquella rueda de prensa estrambótica de Luis Rubiales del «no dimito», aunque supo guardar cierta distancia y se agarró al puesto con un perfil discreto sabiendo diferenciar y distanciarse.
Devoto del Cachorro desde una etapa futbolística en el Sevilla que le marcó; fan irredento de Julio Iglesias y de su ‹Quijote›; taurino que se deja ver por Las Ventas e, incluso, ha hecho algún quite con el capote; alguien que presume de «ser español donde va»; y un hombre mítico ya para la Piel de Toro y para la historia deportiva y sentimental del país. ¿El mejor seleccionador del país? Le queda tanto y tiene tanto margen a sus 65 años que da hasta miedo.
Los jóvenes ya idolatran a este madurito atractivo y simpática. Cuando alguien dice «De la Fuente», se ha ganado el respeto a que incluso los jóvenes pregunten ¿el cantante (Dellafuente) o el entrenador? Nada, nada. Un mito. Ya se le espera en la calle Castilla de Triana.



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