Sucedió en Sudáfrica que España jugó su mejor partido del Mundial para dejar en la cuneta a la durísima Alemania, favorita para alzarse con el título, y ha sucedido en Dallas que, de nuevo, La Roja despliega su mejor actuación para tumbar a la poderosa Francia. Exhibición coral de la Selección Española que se evoca a sí misma para neutralizar al combinado más temido de todo el campeonato y plantarse en la final. Control dictatorial frente a Mbappé, Olise y Dembélé, de quienes no hubo rastro. Superioridad absoluta.
No hubo hasta este martes un encuentro de España que no sembrara cierta duda, ya fuera por el juego, no siempre vistoso, o por el acierto frente al arco, pero resultó ser todo un proceso. El camino llevó a La Roja a la mejora progresiva hasta llegar a la exhibición de las semis, para espantar a Francia y a los escépticos. Una familia que se presenta candidata a la estrella y capaz de maniatar al, probablemente, el ataque más voraz del mundo.
En la foto salieron Oyarzabal y Pedro Porro, goleadores, pero lo cierto es que España ejerció su control en todas las franjas. Cubarsí y Laporte levantaron el muro, pegajosos en el marcaje a Kylian y sus mosqueteros, mientras Cucurella y el lateral goleador se desfondaban en el ida y vuelta. Al flamante madridista le tocó un baile complejo, emparejado con Olise y cargado con cartulina desde la media hora de juega. Al del Tottenham no le bastó con dejar seco a Barcola, sino que además afiló el colmillo para rubricar una diana maravillosa.
Unos metros más adelante, el sabotaje a la maquinaria gala. Cabría plantearse cuánto tuvo que ver Rodri en la actuación española, brújula de La Roja y bisagra de los de Luis de la Fuente. Ni Rabiot, ni Tchouaméni, ni Koné, ni Cherki lograron quitarse la correa. Sí pululó suelto Dani Olmo, que danzó como quiso entre líneas hasta inventarse el pase del segundo gol.
En datos
El rendimiento coral español se plasmó en unas sensaciones abrumadoras y la desconexión francesa, aunque los datos quedaran más equilibrados. La Roja, aun en lo igualado, se quedó el 51% de la posesión. Ambos conjuntos dispararon en diez ocasiones, aunque Francia sí lanzó más desde la esquina -siete córners frente a uno solo de España-. La selección nacional, en cambio, completó más pases (428) que la gala (395).
Con todo, España se planta en la final tras derrotar a, probablemente, la mayor favorita. Ya lo hizo en 2010 y regresó de Sudáfrica con una estrella en el pecho. En esta ocasión, con un resultado más holgado y una mayor sensación de supermacía, ya tiene la segunda a solo un partido.



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