En esta final había miles de historias cruzadas. Una de ellas es la de Lionel Scaloni (Santa Fe, 1978), argentino residente en España. El primer seleccionador de la albiceleste que ha vivido fuera del país sudamericano y que además comparte vida con una española con la que cría a sus dos hijos como un vecino más de Palma de Mallorca. Lamentablemente para él y su país, pero hasta en la derrota ha demostrado que saca lo mejor de sus jugadores.
Ese vivir a caballo entre dos continentes sea la razón de que tal vez las formas de Scaloni sean suaves, un tipo afable que pese a estar teniendo un éxito increíble como seleccionador de Argentina no se le recuerdan grandes broncas ni está dejándose llevar por la histeria. Es canchero porque lo era como futbolista y es un gran motivador, al igual que Luis de la Fuente.
A ello ayuda quizás el Mediterráneo para un hombre que a su vez conoce bien el otro mar español, el Atlántico. en Coruña sueñan con la Scaloneta, con la versión en los banquillos de un argentino combativo que es uno de los nombres de aquel SuperDépor.
Casualidades de Scaloni
En la vida de Lionel Scaloni hay casualidades, pues como Messi y como Menotti es nacido cerca de Rosario, en Santa Fe. Además el entrenador que le dio clases y le entregó el título de técnico FIFA fue un Luis de la Fuente al que no ha podido vencer tácticamente en la final. Además, comparte que como De la Fuente pasó por el Sevilla.
Coincidió con Leo Messi en la Selección y cuando lo vio debutar en Hungría dijo que aquel muchacho iba a ser una bestia del fútbol. Curiosamente, fue el que lo acabaría encumbrando desde el banco, con un Mundial, otra final y dos Copas América.
La tercera vía de la albiceleste
Diríase que entre el Flaco Menotti y el Doctor Bilardo, la Scaloneta se situaba en una tercera vía, un técnico pragmático y poco dogmático que agradecido por llegar a donde ha llegado se encomendaba a Messi y a su mano izquierda. Muy De la Fuente en ese sentido.
Si es cierto que en este Mundial, se ha tenido que encomendar a las remontadas in extremis. Y su estilo, sobre todo en la final, ha ‹bilardeado›. Le ha faltado beberse el ‹Gatorei› en una final en la que los argentinos han rascado y han asumido que eran inferiores futbolísticamente a España entregándose a los penaltis.
Aaún así, maestros y expertos en la cuestión, le han hecho sufrir de lo lindo a una Selección Española que ha tenido que esperar al minuto 106. Ahora está por ver si Scaloni sigue aguantando o emprende ya la carrera en los clubes en un camino que parece inverso.



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