Hay un sentimiento que recorre las calles de este país desde hace algunas semanas: la nostalgia. Gracias a los éxitos de ‹La Roja› en este Mundial y, con los sentimientos a flor de piel en la víspera de la final contra Argentina, los españoles no pueden evitar echar la vista atrás para volver a aquel 11 de julio de 2010 en el que bordaron la primera estrella sobre el escudo de la camiseta. Desde aquel momento, España ha experimentado un gran crecimiento en diversos sectores.
Han pasado 16 años desde aquel gol de Andrés Iniesta en el minuto 116. José Luis Rodríguez Zapatero encaraba su último año al frente del Gobierno, el café costaba un euro o menos y Santiago Segura solo había estrenado tres películas de ‹Torrente›. ‹Origen›, ‹Shutter Island› y ‹Toy Story 3› arrasaban en taquilla.
En este tiempo, el país se ha transformado radicalmente. El panorama político de entonces no podía anticipar la ruptura que sufriría al año siguiente con la irrupción del 15-M, un movimiento que abrió el espectro político y propició el nacimiento de Podemos, así como el posterior crecimiento de Ciudadanos y Vox, poniendo fin al tradicional bipartidismo.
Evolución ferroviaria
En materia de conexiones ferroviarias, España también ha experimentado un gran crecimiento, acompañado de un cambio en el modelo de negocio. En 2010, Renfe mantenía el monopolio de los viajes de alta velocidad en España. Sin embargo, el Gobierno liberalizó el mercado ferroviario y, entre 2021 y 2022, las compañías Ouigo e Iryo irrumpieron en el sector, aumentando la competencia y favoreciendo una bajada del precio de los billetes.
La red de alta velocidad también ha alcanzado otros hitos durante este periodo: desde la conexión ferroviaria entre España y Francia en 2013, gracias a la apertura del tramo Barcelona-Girona-Figueres, hasta la inauguración de vías clave para el Corredor Mediterráneo en la Comunidad Valenciana y Murcia en 2022, pasando por la llegada de la alta velocidad a Extremadura ese mismo año.
Impulso en Andalucía
Si ponemos el foco en el sur, también podemos comprobar cómo ha cambiado Andalucía. El Metro de Málaga ha pasado de ser un auténtico laberinto inconexo a unir sus dos líneas y llegar al corazón de la ciudad con las estaciones de Guadalmedina y Atarazanas. El ferrocarril urbano de la Costa del Sol también ha mejorado, mientras que Granada ni siquiera contaba entonces con una red básica de metro.
Las obras del suburbano granadino comenzaron en agosto de 2007 y no concluyeron hasta el 21 de septiembre de 2017. La ciudad estrenó entonces una línea de 16 kilómetros que atraviesa la capital de norte a sur y la conecta con tres municipios de su área metropolitana: Albolote, Maracena y Armilla.
Todos estos cambios en la movilidad ferroviaria; la nacionalización de algunos tramos de autopistas; la sustitución del efectivo y la ‹calderilla› por Bizum; la digitalización de la burocracia y de los trámites públicos; o los nuevos hábitos de consumo audiovisual impulsados por las plataformas de ‹streaming› son solo algunos de los cambios que ha vivido España desde aquella noche mágica en Sudáfrica.



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