Hay fechas que se señalan en el calendario y se aguardan durante todo un año. En Guillena, esa espera se vive por y para la Virgen de la Granada, que cada 8 de septiembre bendice las calles de esta localidad sevillana.
«Son 365 días esperando el día de la Virgen», resume el alcalde de Guillena, Lorenzo Medina. Una espera que no entiende de generaciones ni de procedencias y que alcanza incluso a quienes llegaron al municipio sin haber nacido allí y terminaron haciendo suya la devoción.
Este año, además, el calendario vuelve a conducir inevitablemente hasta el mismo escenario: el martes 8 de septiembre, la Virgen de la Granada recorrerá las calles de Guillena en sus tradicionales dos salidas procesionales. La primera tendrá lugar por la mañana, después de la Función Principal de las 09:00 horas, y la segunda, ya de noche, a partir de las 21:30 horas.
La espera que se mete en las casas
Pero el 8 de septiembre no empieza cuando se abren las puertas del templo. En Guillena comienza mucho antes. La víspera se reconoce en las calles engalanadas y en las casas de todos los guilleneros. Ana Isabel Montero, concejala de Cultura, explica desde la cotidianeidad lo especial que es esta cita: «el acicalar las casas y pintarlas en los días previos, limpiar y preparar todo hasta el más mínimo detalle, estrenar ropa, especialmente el día 8 de septiembre».
Son gestos aparentemente pequeños, pero forman parte de una liturgia sentimental que se repite generación tras generación. «Son días de alegría que se exteriorizan», añade.
Y mientras el pueblo se prepara por fuera, la hermandad lo hace por dentro. Los cultos arrancaron el pasado 28 de agosto con el Pregón de las Glorias de María y la ofrenda floral y de alimentos. Después llegaron el Besamanos nocturno y el dedicado a mayores, enfermos e impedidos, antes de dar paso a la Novena, que se prolongará hasta el 7 de septiembre.
La programación desemboca en la víspera con el Rosario de la Aurora, previsto para las 07:00 horas del día 7, y la Salutación a la Virgen a medianoche, cuando el calendario deje atrás el 7 y entre oficialmente en el día más esperado.
El día en que Guillena se reconoce
«El 8 de septiembre es el día de emociones, de reencuentros, de vivencias», describe el hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Granada, Francisco Esteban García Ortas. Porque en torno a la Virgen también están quienes ya no pueden estar. «Gente que tenemos en el recuerdo, que no están y los que estamos, pues lógicamente los vivimos con intensidad», continúa.
La procesión se convierte así en una suerte de álbum de recuerdos abierto en plena calle. En cada esquina hay una historia, un nombre, una ausencia, una promesa o una familia que vuelve a reunirse.
Manuel García, capataz de la Virgen de la Granada, conoce bien esa estampa. «Aquí salen muchísimas mujeres descalzas acompañando a la Virgen», explica. No es casualidad que la devoción trascienda incluso el ámbito estrictamente religioso. Javier Villa, promotor sacramental de la Hermandad, lo expresa con rotundidad: «La Virgen es todo para el pueblo, da igual la ideología, da igual si eres muy creyente o poco creyente».
Dos procesiones distintas para una misma devoción. El sol de septiembre frente a la penumbra de las calles iluminadas. El bullicio de la mañana frente a ese silencio especial que, por momentos, se abre paso entre la música, los vivas y el sonido de los pasos. Los guilleneros y las guilleneras ya anhelan la llegada del 8 de septiembre para ver a su Virgen de la Granada.



Síguenos en redes




