Un mes después de la entrada masiva en Ceuta de unos 80.000 personas migrantes, la playa de la Cala del Barco de Cartagena —Murcia— ha recibido este miércoles una patera motorizada con 62 personas migrantes, según ha informado la Delegación del Gobierno en la región.
«Se quedó la playa vacía», cuenta una testigo de lo ocurrido que se encontraba trabajando en un chiringuito cercano. Añade que se notaba «mucho miedo» entre quienes estaban en el lugar. Al parecer, los migrantes son de nacionalidad argelina. De ellos, 45 hombres mayores de edad, 2 mujeres mayores de edad y 15 menores, todos ellos varones.
Operativo policial
La Guardia Civil activó un operativo para localizar a todos sus ocupantes. Estos se encontraban en buen estado de salud y fueron atendidos por Cruz Roja. Posteriormente, fueron puestos a disposición de la Policía Nacional.
Los migrantes, en aplicación del protocolo, están siendo atendidos por las administraciones públicas y las ONG, y se están tramitando los procedimientos de expulsión correspondientes.
«No era una patera normal»
La testigo antes citada explica que la embarcación «no era una patera normal», sino que era una «lancha grande» y contaba «con varios motores», lo que se conoce comúnmente como una narcolancha.
Agrega que quienes pilotaban la embarcación «iban encapuchados». Tras dejar a los 62 migrantes en la costa murciana, «se fueron súper rápido».
La alcaldesa pide «más seguridad»
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, ha reclamado al Gobierno de España que intensifique la vigilancia y el control de las costas de Cartagena tras la llega de la patera. Exige más medios humanos y tecnológicos para que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puedan detectar estas embarcaciones antes de que alcancen tierra.
«Esto no puede normalizarse. No podemos aceptar que las mafias que trafican con personas tengan tanta facilidad para llegar hasta nuestras costas», ha señalado Arroyo, quien ha defendido una política migratoria «seria, ordenada y segura».
A su juicio, «si una patera puede llegar hasta una cala como esta, desembarcar a plena vista de ciudadanos y después marcharse, tenemos que preguntarnos cómo está funcionando el control de nuestras fronteras marítimas».
«Cartagena es una ciudad solidaria y abierta, y, a la vez, también necesita que sus costas estén protegidas y que los cartageneros tengan la seguridad de que existe un control efectivo de nuestras fronteras», concluye.


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