El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, entre cuyos pasajeros se han confirmado hasta el momento ocho casos y tres muertes, ha despertado cierta alarma entre la ciudadanía. La memoria rescata recuerdos pandémicos y el origen de la crisis sanitaria que provocó el Covid-19.
En esta ocasión, sin embargo, los expertos coinciden: “No debemos estar preocupados”. La baja capacidad de contagio de la cepa andina, que es la que padecen los infectados en la nave, hace que esta situación no sea “ni mínimamente comparable” al impacto del coronavirus, concuerdan el catedrático de Inmunología de la Universidad de Granada (UGR), Ignacio Jesús Molina Pineda de las Infanta, y Alfredo Corell, que ostenta la misma categoría en la Universidad de Sevilla (US).
Dos grandes tipos de virus
Ambos distinguen, de inicio, las dos grandes clases de hantavirus hasta el momento conocidas. “Es un virus RNA que se transmite sobre todo por las heces de los roedores y la orina. Es su reservorio natural”, afirma el profesor de la UGR. “Hay dos grandes tipos: uno que se da sobre todo en el Sudeste Asiático, Rusia y Europa y que tiene unas características clínicas relacionadas con alteraciones de riñón, sobre todo”, abunda Molina Pineda de las Infantas. “El otro es una variante que provoca síntomas respiratorios, un síndrome respiratorio potencialmente grave y que sí tiene una mortalidad bastante alta”, precisa.
La cepa que ha infectado a los pasajeros del Hondius pertenece a esta última variante, conocida por ser originaria del entorno de los Andes. “Es el mismo cuadro inicial, tipo gripe, pero luego la evolución es distinta”, matiza Alfredo Corell. “Su letalidad es también mayor. Está entre un 30% y un 40%”, puntualiza, si bien considera que estos guarismos se deben a que “son aldeas aisladas del sur de Argentina y de Chile”, así como que “sería menor si estuvieran cerca de hospitales”. En cualquier caso, no es esa la principal diferencia. Lo que lo desmarca de la anterior es que, mientras la europea y asiática no se contagia entre humanos, esta sí.
“En la variante Andes, el primer salto es igual: pasa de un ratón a la persona, pero es una variedad que ha aprendido con su evolución la capacidad de infectar de persona a persona”, ahonda Corell, aunque aclara que su cualidad para hacerlo “es muy mala, extremadamente mala”. “Si pensamos, en un mes que llevan produciéndose casos en el barco, desde el 6 de abril hasta el 6 de mayo, hay ocho personas contagiadas, y en el crucero son 150.
Si esto hubiera sido muy transmisible, como el Covid o la gripe, estaría entero”, ejemplifica el catedrático de la US. “Se han descrito casos de contagio, pero en espacios muy confinados que requieren un contacto muy estrecho”, agrega Ignacio Jesús Molina Pineda de las Infantas.
Cómo se contagia entre personas
En concreto, según describe Corell, son seis las situaciones en que el hantavirus de los Andes se puede contagiar de un humano a otro. El primero de ellos es la convivencia en una casa, en una habitación o pasan mucho tiempo en un mismo lugar cerrado, caso compatible con los pasajeros del crucero en sus camarotes.
El segundo escenario sería compartir cama, mientras que el tercero constituye un contacto íntimo. En este punto, el inmunólogo hace una apreciación: “Pude ser sexual o no. Si estamos tomando un café sentados en una terraza, o una cerveza, yo estoy contagiado y estamos hablando así una hora, las gotas de mi respiración te están cayendo a ti todo el rato, o a tu bebida. Entonces, tú te tomas el virus”, apunta.
Una cuarta posibilidad de contagio se da entre una persona infectada y quien va a cuidarla. La quinta atañe directamente al servicio del crucero, que pudiera pillar el hantavirus en lo que cambia toallas o sábanas en los camarotes. Por último, que sucede con certeza en el barco, es una atención a un enfermo de hantavirus sin disponer de protección suficiente, como concluye Corell la enumeración.
Sin tratamiento
Sea como fuere, la evidencia es que no existe un tratamiento propio para la enfermedad. “En la Unión Europea no hay ninguno aprobado, ninguna vacuna específica. En otro países se han propuesto algunos”, indica Molina Pineda de las Infantas. Por ello, el catedrático de Inmunología de la UGR incide en que la manera de actuar es aplicar “medidas de soporte”. “Hay que tratar los síntomas, dar una adecuada respiración asistida, mantener al paciente hemodinámicamente estable…”, profundiza.
A pesar de ello, ambos especialistas concuerdan que “no hay que estar preocupados”. “Tenemos que estar atentos y las autoridades sanitarias deben estar alerta, y muy coordinadas”, resuelve Alfredo Corell. “Estamos muy nerviosos, todavía con un recuerdo muy fuerte de lo que fue el Covid, y se están exagerando muchas cosas”, argumenta. En la misma línea, Ignacio Jesús Molina Pineda de las Infantas sostiene que “se trata de un caso puntual”.
“Es un virus de contagio difícil”, remarca, para seguidamente poner énfasis en que es necesario “proporcionar ayuda sanitaria a los pasajeros infectados en el barco y a los potenciales contagiados que pueda haber y estén asintomáticos”.

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