Era jueves y, a pesar de que se había percibido cierta tendencia ascendente de la cifra de migrantes que pretendían llegar a nado a Ceuta, nadie podía prever la magnitud de la crisis. Ni siquiera el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que tres días antes había advertido de este incremento. Durante la mañana del 30 de julio, una gran concentración de personas en la ciudad de Castillejos enrareció el ambiente e hizo saltar las alarmas. A las 12.30 horas, todo estalló.
La primera oleada ya reveló indicios de que no era algo espontáneo. Miles de personas, familias enteras, bordearon el espigón que marca la frontera entre Marruecos y Ceuta hasta llegar al mar, para, a nado, intentar pisar suelo español. La segunda pareció menos nutrida, pero el tercer envite confirmó la avalancha. En el límite, las autoridades, desbordadas entre la contención y el rescate de quienes quedaban atrapados en el mar. La escena, difícil de asimilar: decenas de millares de migrantes cruzaban en masa. Ya no eran olas; era una marea.
Las estimaciones a la mañana siguiente, aunque imprecisas ante el caos, ya vaticinaban que la cantidad de migrantes que habían cruzado la frontera rozaban el total de la población de Ceuta. No se quedaban muy lejos, aunque hubieron de pasar varios días hasta que el guarismo se concretara. Fueron 72.000 las personas que entraron de manera irregular en territorio español entre el 30 y el 31 de julio, aunque en su mayoría retornaron a Marruecos rápidamente.
No las suficientes, eso sí, para impedir el desbordamiento de las instalaciones de acogida de la ciudad autónoma. Playas, calles y campamentos improvisados se convirtieron en su alojamiento. Mientras, comenzaba el no más sencillo proceso de identificación.
Fue a última hora de la tarde del 30 de julio cuando el Ejecutivo, que de inicio pactó con Marruecos la agilización de la devolución de los migrantes, desplegó al Ejército y cerró la frontera. El día 31, Pedro Sánchez viajó a Ceuta junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en lo que la alerta adquirió dimensión continental. Italia, en previsión, reforzó sus controles fronterizos, lo que supuso un choque con el Gobierno de España. La crisis, más tarde, llegaría incluso a Bruselas.
Marruecos apunta a la coordinación en redes sociales
En los días posteriores, todo era confusión. Cifras, retornos, identificaciones… Marruecos ofreció su explicación oficial y atribuyó el estallido de la crisis a la organización de grupos en redes sociales, en los que compartieron posts y mensajes para coordinar la entrada, y la difusión de una sentencia del Tribunal Supremo que establecía que a las personas interceptadas en el mar no se les aplicaría el mecanismo especial de rechazo en frontera, sino que se les tramitaría el procedimiento ordinario, dictamen malinterpretado.
La sucesión de acontecimientos había dejado en Ceuta un panorama inquietante. Miles de personas permanecían en la ciudad, muchas de ellas sin un lugar donde ser acogidas. Las autoridades trataban de determinar cuántos menores había en las calles, mientras a los hospitales no paraban de llegar casos de presuntas violaciones. Un caldo de cultivo en el que crecieron la incertidumbre y la crispación de los ceutíes.
El 9 de agosto, alrededor de 10.000 ciudadanos colmaron la Plaza de la Constitución, convocados por las comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú, en la primera gran concentración. El objetivo era mostrar unidad al resto de Europa, aunque se vislumbraron las primeras muestras de cansancio. La fatiga, sin una solución definitiva, se fue sin embargo acumulando durante las semanas posteriores.
Los informes del CNI
En paralelo, la controversia ponía el foco en los servicios de Inteligencia. La existencia o no de algún informe del CNI que advirtiera de la posibilidad de que se produjera el cruce masivo dividió al Gobierno. Marlaska, con el respaldo del Ejecutivo, mantiene que no existió dicho documento, mientras que la ministra de Defensa, Margarita Robles, defiende una versión cruzada y que los cuerpos «realizaron la labor que competencialmente les era y es exigible y que compartieron y analizaron con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con el personal de la delegación del Gobierno».
Pasan los días y la tensión escala en Ceuta al tiempo que la paciencia se le agota a la autonomía. La situación en que se encuentra la ciudad, en un ambiente que entremezcla tensión, temor y cansancio, empieza a derivar en un conflicto social a punto de estallar. En las últimas jornadas, ciudadanos ceutíes protagonizaron distintos altercados, han tratado de desalojar los asentamientos de migrantes con fuego, impidieron el acceso de los vehículos de Cruz Roja con alimentos y, en su movimiento más reciente, revivieron la Revolución de los Claveles. Todo, para reclamar algo que, de momento, no llega: la solución a la crisis.
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