La feria del Corpus tiene algo de maratón y algo de despedida. Durante una semana, Granada cambia de ritmo a uno marcado por las casetas, la música y las atracciones. Sin embargo, como ocurre cada año, llega un momento en que el calendario avisa de que el Corpus se aproxima a su final, y a unas cuantas -aún largas- horas de su cierre, los granadinos siguen bailando y disfrutando como si éste no se acercara.
De este modo, los granadinos y visitantes han dado su veredicto con una mezcla de cansancio, ganas de fiesta y algo de nostalgia anticipada, aunque con la satisfacción de haber pasado el mejor momento posible. «Estábamos deseando salir a vivir el Corpus», destaca un malagueño vestido de flamenca, que no ha querido perderse las fiestas granadinas.
Con él coinciden otros tantos, que han venido «a bailar un rato y pasarlo bien con los amigos» aunque «la calor esté acompañando», si bien otro granadino tiene la solución a este problema, «lo rebajamos con un buen trago». Llegados a este punto, es el momento donde las frases «hay que aprovechar que esto se acaba» o «el año que viene más y mejor» son de las más pronunciadas y escuchadas.
Hay también una pequeña dicotomía entre algunos asistentes. Mientras algunos sueltan con anticipada melancolía que hay que «esperar un año para que vuelva» otros opinan -entre risas cómplices- que lo han vivido «bien y veo bien que se acabe, no se puede estar todos los días de fiesta», aunque eso sí, con la unánime opinión de que «el Corpus de Graná es divino».
Anécdotas y cansancio
Para muchos granadinos, la recta final del Corpus es también el momento de hacer balance. Se comentan las anécdotas de la semana, los reencuentros inesperados, las noches que se alargaron más de la cuenta y los momentos compartidos con familiares y amigos. Porque más allá de las atracciones o de la programación festiva, la feria sigue siendo, para buena parte de quienes la viven, un espacio para encontrarse con personas a las que quizá solo ven durante estos días.
El cansancio también empieza a hacerse visible. Después de jornadas que suelen comenzar al mediodía y terminar de madrugada, las ojeras y las voces roncas se convierten en habituales. Muchos reconocen que llegan al final de la semana con las fuerzas justas, aunque eso no les impide regresar una vez más al recinto ferial.
Las casetas son probablemente el mejor reflejo de ese sentimiento. Durante las últimas jornadas mantienen la actividad y el ambiente de siempre, pero entre quienes las frecuentan se percibe una actitud distinta. Se hacen más fotografías, se alargan más las sobremesas y se presta más atención a los pequeños detalles. Lo cotidiano de la feria adquiere de repente un valor especial cuando se sabe que está a punto de terminar.
También están quienes viven estos últimos días con la sensación de que la feria ha pasado demasiado rápido. Son los que no han podido acudir tanto como les hubiera gustado por motivos laborales o familiares y aprovechan el fin de semana para concentrar en pocas horas todo aquello que no han podido disfrutar durante la semana. Para ellos, las últimas jornadas representan una especie de segunda oportunidad. Lo que sí está claro es que, pese a todo, el Corpus de Granada nunca falla.



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