La granadina Débora Beas lleva una década viviendo con su familia en un piso de alquiler en el Centro de Granada, en la calle Horno de Abad, que se ha convertido en su hogar. En esa vivienda ha construido buena parte de su vida junto a su marido y sus dos hijos. Ahora se enfrenta a una dura situación, un desahucio que ya tiene fecha de lanzamiento: el próximo miércoles 21 de octubre. Débora lucha por evitar el tener que marcharse de la vivienda porque la única alternativa habitacional que le ofrecen las administraciones es un albergue. «Me niego a irme allí con mis hijos porque eso no es un hogar para ellos. Solo pido una casa para mis hijos», asegura.
Débora lleva tiempo buscando soluciones, pero no encuentra otro alquiler asequible para ella y su familia. «Los alquileres de 700 euros no bajan. Me piden avales, que tengo de mi padre, gracias a Dios. Me piden nóminas de 1.500 euros. He estado también en Provivienda y me dicen que con única nómina es imposible. Y yo lo único que estoy pidiendo es una casa. Soy de la clase obrera, llevo toda mi vida trabajando, pero ya es insostenible este sistema», asegura.
«No nos dejan vivir. Yo tengo el bono social y estoy pagando 200 euros de luz, que tengo que fraccionarla. Soy buena pagadora. Me han enseñado siempre a pagar y a no deberle nada a nadie en esta vida. Pero es que no me dejan, de ninguna manera», lamenta esta madre granadina.
La aprobación de los decretos de vivienda da una pequeña esperanza a Débora porque contempla la suspensión de un desahucio si la persona es vulnerable y no tiene alternativa habitacional, pero ella vive con angustia toda esta situación ya que aún no sabe qué pasará con su familia. Y se resiste a tener que dejar el piso en el que ha construido su hogar si no tiene otra alternativa.
«Desde que me vino el primer burofax que decía que teníamos que abandonar el piso en un mes, yo he estado buscando. Llevo dos años ya en lista de espera de Vivienda de Protección Oficial, he echado la ayuda del alquiler, que ni siquiera me han contestado. No estoy parada. He echado todos los recursos que ha habido en mi mano, pero ninguno me lo han dado», comenta afligida.
«No soy solo yo, la mayoría de españoles no podemos pagar un alquiler, ni con dos nóminas. Que me dejen que me alquile un piso, no pido más»
Débora insiste en que es «imposible pagar un alquiler de unos 700 euros con una nómina de 1.080 euros» y que a esta situación se enfrentan muchos españoles más, no solamente ella. «Todo lo que tengo me lo he ganado yo, con mi trabajo y mi esfuerzo. La mayoría de españoles estamos igual. Lo que pasa es que nos hemos vuelto tan conformistas que nadie dice nada. Pero hables con quien hables, no llegamos a pagar un alquiler incluso hasta con dos nóminas», asegura.
«Para comer, gracias a Dios, no les ha faltado nunca a mis hijos. He pedido para comer y no me da vergüenza decirlo. Pero ya está bien, que me dejen vivir tranquila, que me dejen una casa para mis hijos. Tampoco estoy diciendo que me regalen una casa, simplemente quiero pagar mi alquiler y punto, como he hecho toda la vida. Y que mis hijos estén protegidos y sanos, como hasta ahora», explica.
Débora sostiene que detrás de este procedimiento está la intención de la propietaria de vender el piso, como ha hecho con otros del bloque. «Es una gran tenedora, aunque diga que no. Es dueña de la mitad de este bloque y ha vendido todos los pisos. De hecho, ha echado a familias que llevaban aquí 40 años. La otra hermana no quiere vender, pero ella quiere vender los pisos por más de 300.000 euros», asegura. Débora dice que no es que ella quiera quedarse en el piso porque entiende «que tiene su dueña y cada uno puede hacer con lo suyo lo que quiera», pero sí pide a las administraciones una alternativa habitacional.
«Que me dejen que me alquile un piso. No pido más. Si me tengo que ir a un pueblo, vale, estoy abierta a todas las opciones, pero ¿dónde me voy? ¿A un albergue? No. Mientras yo esté viva y tenga fuerza, yo no me voy a ir a un albergue con mis hijos», asevera con rabia, ya que se siente injustamente tratada.
El apoyo de Débora en su proceso de desahucio
En su defensa, Débora no está sola, ya que el Sindicato de Vivienda en Granada la acompaña en todo el proceso. «Desde el minuto uno han estado conmigo apoyándome y asesorándome. Son los únicos. Gracias a ellos estoy aquí y me han dado la fuerza que necesito, porque estoy con ataques de ansiedad, pinchándome y con medicación», explica.
Nacho Martín, portavoz del Sindicato de Vivienda en Granada, asegura que en el caso del desahucio de Débora, siguen «en negociaciones con los juzgados para intentar que no se llegue al miércoles que viene, que es cuando tiene la orden de lanzamiento». «Haremos lo que sea necesario para conseguir parar este desahucio que nos parece totalmente injusto», indica.
«Nos parece que una persona trabajadora, con dos niños, que llega a las siete de la tarde todos los días a su casa de trabajar y que lo único que quiere es un techo en su barrio, con su gente y cerca del colegio de sus niños, es un caso totalmente injusto. Y que sea el negocio de la vivienda quien la quiera echar», explica Nacho Martín, quien asegura que muchas otras familias viven una situación parecida a la de Débora. «Los altos precios del alquiler nos afecta a todos, porque en Granada también hay muchísimos estudiantes que ven cómo sus alquileres año a año van subiendo y encima, están con alquileres temporales, lo cual significa que cada año pueden subirle lo que quieran», añade.
«Además, también está el tema de adquirir una vivienda hoy en día, que es totalmente imposible con los sueldos que disponemos la clase trabajadora. Entonces, entendemos que todo esto es un negocio que enriquece a unos pocos y no al bien de toda la clase trabajadora. Y a lo que aspiramos es que el día de mañana, la vivienda sea gratuita, universal y de calidad. Que todo el mundo tenga derecho a una vivienda», afirma.
La lucha de Débora continúa y ella asegura que «lo único» que pide es «que se bajen los precios del alquiler porque se está haciendo un negocio de la vivienda» y «una casa» para sus hijos en la que pueda seguir manteniendo su hogar si finalmente tiene que abandonar la vivienda en la que llevan una década, porque considera que un albergue no puede ser una alternativa habitacional digna y adecuada para una familia. «¿Cómo le explico a mis hijos cuando llegue Navidad que allí no podemos poner ni un árbol de Navidad?», señala esta madre granadina que va a seguir su batalla contra un proceso de desahucio que, lamentablemente, ya ha hecho mella en su familia.
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