No se organizaron en batallón para adueñarse por la fuerza del Real de Almanjáyar, pero desplegaron todo su arsenal: diversión, algunos nervios y muchas risas. Los peques tomaron este martes el control de la feria en Granada. El recinto ferial celebró el tradicional Día del Niño con un silencio especial, sin música en las atracciones para que también puedan pasarlo bien quienes sufren algún trastorno del espectro autista. En las ventanillas de las taquillas de cada columpio, precios populares, que invitaron al disfrute de toda la familia… y a algún que otro mareo. Todo fuera por revivir al infante que todo el mundo lleva dentro.
María, Bea y Marinela caminaban con la tropa revoloteando alrededor, en busca de un nuevo destino. «Todos los años venimos los martes porque es el mejor día. pensábamos que iba a hacer mucho calor, pero dentro de lo que cabe, no nos podemos quejar. Está nubladillo, hace airecillo…», exponen. A la última de ellas, además, le satisface contemplar que siguen en pie los columpios de toda la vida. «Me gusta también ver que hay atracciones que eran las de siempre y siguen. La ranita, la barcaza… Son las de siempre y siguen gustando. Nosotras ahora los vamos a dejar solos y nos montamos», ríe.
Los pequeños se lo están pasando «superbien», afirman. Marta ya se ha montado en uno, pero María, más mayor, avisa: «Se va a montar en más». «¡En todos!», concluye la pequeña. Guillermo, entretanto, va preparando la lista. «En el Ratón Vacilón, en los coches de choque… No me da miedo», sostiene con seguridad. A su lado, Víctor, no se esconde. «Yo no soy tan valiente, me asusta el barco vikingo», reconoce. Alba, mientras, espera a que llegue su hermana para contarle que ha salido fascinada de la atracción de Sonic. «Es mucha aventura, un circuito», detalla.
Víctor y Christian todavía recuerdan lo bien que lo han pasado en el Ratón Vacilón y en La Rana. Ignacio, no obstante, apunta que en la primera hubo algún que otro temblor. «Hemos gritado un poco, pero es una experiencia que volveríamos a repetir», asevera. Javier, que podría hacer buenas migas con Guillermo, resuelve sin titubear: «Yo me lo he pasado muy bien. No me ha dado miedo, me ha gustado mucho. Me he montado yo solo en una en la que ellos no se querían montar y lo he pasado genial», presume.
Las mamás, Ana y Yolanda, ya no se animan tanto. «Nos cuesta más arrancarnos para subirnos a una atracción», exponen. «Disfrutamos de verlos a ellos», señalan. A Eugenio, en cambio, le cuesta resistirse. «Hay que rescatar viejos tiempos en los que siempre veníamos a montarnos, incluso donde no debíamos montarnos», argumenta.
-¿Va a caer alguna?
-Sí, seguro.
Sus hijas, Alejandra y Leire, están disfrutando de lo lindo. «Está siendo fantástico, es muy divertido, desconectas del instituto y se está bien», señala la primera de ellas, la más mayor. «Puedes estar con tus amigos y familiares. En lugar de estar en casa aburrido, puedes estar aquí jugando, divirtiéndote y gritando», agrega la pequeña. Acaban de salir de montarse en La Rana, y la menor, admite, ha pasado algo de miedo «porque va arriba y abajo, y en un momento te da vértigo en la barriga». «Empiezas a gritar mucho, hasta que, cuando termina, ya te relajas», explica el remedio.
«Vamos a estar echando un ojo y a montarnos en las que podamos», indica Alejandra. «La rana no podía faltar, porque es la mejor, la más clásica. También una muy clásica es El Barco Vikingo», apunta Leire.
-¿Os vais a subir?
-Yo no.
-Yo tampoco.
Precios populares y menos ruido
Los padres van mirando ya el bolsillo, aunque de acuerdo con los precios populares de esta jornada de feria. «A 2,5 euros sí se puede uno permitir que se suban, sí. Se puede repetir. Es aceptable», se encoge Yolanda. Se ha percatado también de que hay menos contaminación acústica, lo que le parece «muy bien». «Si no, entre una atracción y otra, ya no sería música, sino que terminaría siendo ruido», afirma.
En la misma línea se expresa Eugenio. «Me parece fantástico. Muchas veces, la música es muy molesta, incluso para quienes estamos acostumbrados a escuchar este tipo de música tan alta. Se disfruta más, la gente está más pendiente de los columpios», profundiza. Marinela reconoce que «no conocía la medida exactamente», aunque no por ello está menos encantada con ella. «En general, para comunicarte con ellos, no te dejas la voz. Puedes, además, mantener un rato más agradable», valora. Y en ello se quedan, disfrutando de una feria que se acerca a sus días grandes.



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