Da otra vibra este Granada imberbe. Igual no le da aún para participar en uno de esos concursos de farmear aura, pero, como poco, sí para que el respetable salga de Los Cármenes satisfecho, que, visto lo visto, ya es un gran avance. No habrá quien le pueda negar la madurez que adquirió para tumbar con solidez a un recién descendido. Ha aleccionado Pacheta a sus jóvenes pupilos de forma que ha logrado componer un equipo compacto, que se presenta con semblante serio y resiste con sobriedad futbolística, aun aparentemente falto de recursos para dominar. Contra el Mallorca, sin embargo, ni siquiera los necesitó. Alemañ agitó la varita y la fortuna, aunque trabajada, se le convirtió en aliada para el segundo, en propia puerta. Más que suficiente.
Habría todavía quien se encontrara comprobando los efectos de la serie sísmica en Los Cármenes, plagado de grietas y cristaleras fracturadas, cuando sintió el escalofrío recordarle de nuevo la espalda. No era otro temblor esta vez, sino el colmillo afilado de Adrián Fuentes. No acertó a la primera, que acunó en el lateral de la red, pero sí a la segunda, tras driblar a Lizoain, aunque el banderín señalaba al cielo. Susto para empezar, nefasto el arranque granadinista, pero con los minutos todo pareció una trampa en la que los baleares cayeron de lleno.
Porque amenazó Chinaza, pero el peligro real no estaba en los lances aislados, sino en la confianza que iban ganando los chavales de rojo y blanco. Gumbau y Rubén Alcaraz ensamblan bien con Pedro Alemañ, un paso por delante para escribir con libertad sus versos, lo que da compostura al Granada. Se escapó Rodelas como jinete por la diestra, el nuevo carril en que pretende reencontrarse. Enroscó el centro y cabeceó Arnaiz como pudo, inocente a las manos de Arnau Tenas.
Ahí todavía se revolvía con furia el cuadro bermellón, con Raíllo en busca de la diana en plancha, aunque el alzamiento granadinista ya se vislumbraba. Alcaraz levantó el periscopio y facturó un envío a la espalda de Arnaiz. El talaverano aguardó con soltura en el área hasta que su aliado en el ataque anterior apareció por el poste más alejado. Levantó el esférico y Rodelas, como un delfín, saltó para estampar el frentazo en la madera. Luego fue Bourama quien giró el cuello, preciso el servicio de Sergio López.
Los hinchas, en la grada, habían pasado de adivinar cuándo volvería a temblar el suelo a empezar a presentir el gol, pero nadie se lo vio venir. El juego fue de una banda a otra hasta posarse sobre las botas de Sergio López, avanzado en el ataque. Todos se zafaban en el área, pero él sorprendió con un pase limpio a Alemañ, que desempolvó la varita. Giró como una peonza y sorprendió a Arnau, que acarició el disparo sin posibilidad de escupirlo. Los Cármenes volvió a latir con su celebración.
El gol les da alas
La sonrisa dio alas a los granadinistas, que las desplegaron con hambre. Arnaiz se quiso meter en la misma portería en otro avance relámpago, atento Valjent para ponerle freno. El talaverano recogió el posterior saque de esquina y soltó el látigo, pero resolvió Arnau Tenaz con entereza. Más tarde fue Alemañ quien trazó la curva en una falta. Flotó Rubén Alcaraz, demasiado para luego dirigir bien el remate.
Quiso el Mallorca sacudirse la presión antes del intermedio, necesitados los de franjas de la pausa para el avituallamiento. Calatayud tensó el envío en la réplica y Fuentes cabeceó muy picado, sin problemas para Lizoain. Roca recogió después la pelota en la medialuna, dispuesto a firmar el golazo, pero le salió mordido. Luego lo intentó Pablo Torre de falta, por poco arriba. Valjent, ya con el silbato entre los labios del colegiado, puso atrás el servicio tras el lanzamiento de una falta, pero Lizoain atrapó bien entre suspiros.
Menos electricidad tras el descanso
Todo fue mucho más pausado tras el intermedio, con Owen Emeka en la banda de Arnaiz, aunque por los mismos derroteros. Desde muy temprano buscaron los de franjas ampliar la ventaja. Marraron una triple ocasión y Luvumbo trató de aprovechar la clemencia. Recortó sobre Bourama y le pegó con poco ángulo, a la pared externa de la meta. Morlanes capturó después un balón llovido y, sin dudar, impactó con los cordones, por poco arriba. Sergio López se animó en una aventura desbocada para sacar a los suyos de la trinchera, mucho más desviado.
Los de Pacheta, pese a todo, mantenían el juego controlado y Pacheta comenzó a gestionar. La ventaja y las cargas. Los de Luis García, en cambio, apretaban los dientes para rascar algo, aunque romos. Se fue todo a la esquina ya en las postrimerías y Gumbau asumió el servicio. Pitó el colegiado cuando el balón ya volaba hacia el área, lo que desconcertó a toda la zaga balear. Aterrizó sobre un trastabillado Puigmal, que, sorprendido, solo pudo empujarla hacia su propia meta. Fuego amigo entre las protestas bermellonas, estériles a la postre. El Granada madura y, con espíritu juvenil, se marcha feliz a la cama después de mucho tiempo. Y todo, con su futuro propietario, Michael Schwimer, en el palco por primera vez.
Ficha técnica:
- Granada CF: Raúl Lizoain; Sergio López (Oscar Naasei, 70›), Manu Lama, Bourama, Baïla Diallo; Rubén Alcaraz, Gerard Gumbau, Pedro Alemañ (Gambín, 81‹); Sergio Rodelas (Kader Bamba, 58‹), José Arnaiz (Owen Emeka, 46‹) y Chinaza (Alejandro Marqués, 58›).
- RCD Mallorca: Arnau Tenas; Calatayud (Arnau Puigmal, 59‹), Martín Valjent, Raíllo, Toni Lato; Álex Sala, Manu Morlanes; Luvumbo (Antonio Sánchez, 85‹), Pablo Torre (Josep Cerda, 69‹), Antoniu (Adrián Liso, 59›); y Adrián Fuentes (Adam Buksa, 69›).
- Goles: 1-0: Pedro Alemañ, min. 20; 2-0: Arnau Puigmal, en propia puerta, min. 81.
- Arbitro: Sul Ais Reig, del comité valenciano. Amonestó al local Gumbau y a los visitantes Calatayud, Raíllo y Josep Cerda.
- Incidencias: encuentro correspondiente a la 2ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes, ante 13.361 espectadores.
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