Los quintos de Pacheta asaltan el Nuevo Pepico Amat (0-2) con goles de Rubén Alcaraz y Owen Emeka, encadenan cinco victorias por primera vez en 59 años y se plantan a tres puntos del ascenso directo. Una mesnada leal sobre el césped mientras, en los despachos, aún se decide quién será su señor.
Cinco. Cinco victorias consecutivas. Cinco domingos seguidos con la sonrisa puesta. Cinco jornadas en las que el granadinismo ha vuelto a mirar la tabla sin miedo. El Granada ganó en Elda y lo hizo como ganan los equipos que se creen lo que están haciendo: sin prisa, sin estridencias, sin perder la cabeza. Esperando. Esperando. Y golpeando cuando tocaba golpear.
Real Sociedad B, Burgos, Cádiz, Real Valladolid y Eldense. Cinco escalones. Cinco peldaños de una escalera que ya asoma a la azotea de LaLiga Hypermotion: 23 puntos en 12 jornadas, empatado con el Eibar en la tercera plaza y a solo tres del ascenso directo. Hacía 59 años que el club no enlazaba cinco triunfos seguidos en el fútbol profesional. Cincuenta y nueve años. Más de medio siglo. Medio siglo largo esperando un otoño así.
Paciencia de piedra
Pacheta llegó a Elda sin Diallo ni Arnáiz, dos bajas de las de verdad con parte médico, que en un país de lunes con fiebre misteriosa no es poca cosa. Lo resolvió con dos retoques: Pampín en la derecha y Pedro Alemañ, de vuelta, como enganche de Jorge Pascual. Lo que funciona no se toca. No se toca. No se toca.
El arranque fue rojiblanco y al galope, como Babieca saliendo de Vivar. Ramón Vila salvó por partida doble el primer zarpazo y Gumbau probó desde lejos. Después el Eldense de Javi Calleja creció, tuvo el balón (casi un 59 % de posesión) y remató más (13 por 8), pero Alberto Flores sostuvo el cero. Portería intacta. Intacta. Intacta.
Cabeza de Alcaraz, rúbrica de Emeka
El partido se rompió donde se rompen los partidos cerrados: a balón parado. Minuto 60. Falta sobre Rodelas, guante de Gumbau al corazón del área y cabezazo de Rubén Alcaraz. Cabeza, red, delirio. Cabeza, red, delirio.
Pacheta refrescó el ataque con Hormigo y Owen Emeka, el equipo apretó los dientes y, en el minuto 91, una pared entre Pampín y Emeka terminó con el delantero definiendo con temple. 0-2. Telón. La marea rojiblanca desplazada a Elda lo celebró como la mesnada del Campeador ante las murallas de Valencia: conquista en tierra de Levante.
Alicante, tierra amiga
La provincia le sienta de maravilla al Granada: seis visitas seguidas sin perder entre Elda y Elche desde 2020, con cuatro victorias, entre ellas el 0-3 en este mismo estadio hace dos temporadas. Y Pacheta juega aquí como en casa: entrenó al Elche y al Hércules antes de aterrizar en Los Cármenes.
Orden en el césped, niebla en los despachos
Todo esto, con la casa a medio pintar. Compás de espera mientras un consorcio de empresarios granadinos y un grupo estadounidense pujan por la propiedad, con el CSD y LaLiga como árbitros de la operación.
Ruido arriba, silencio abajo. El gran mérito de este vestuario es aislarse. Aislarse. Aislarse. Aquí no se escaquea nadie: ni justificantes de última hora ni «asuntos propios» el día del partido. Ya lo dejó escrito hace más de ocho siglos el Cantar de mio Cid: «¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!». Buen vasallo es este vestuario, que no concede y no se rinde. Lo del señor, ya se verá.




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