Tamara González Costa, de 31 años, ha sido confirmada como una de las víctimas mortales del accidente ferroviario de Urda, en Toledo. Natural de Bembibre, en la provincia de León y residente en Viena, la investigadora viajaba el miércoles en uno de los trenes implicados en el siniestro para asistir a un congreso. Nunca llegó a su destino.
Tamara había dedicado su carrera científica a investigar uno de los procesos más complejos del desarrollo humano: la formación del corazón antes del nacimiento. Estudiaba por qué, en ocasiones, ese proceso no se completa correctamente y los bebés nacen con malformaciones cardíacas.
En una entrevista publicada en julio, explicaba su fascinación por el desarrollo de los embriones y de cómo una sola célula puede llegar a convertirse en un ser humano completo y cómo se coordinan, con una precisión extraordinaria, todas las etapas de ese proceso. También hablaba de las ocasiones en las que algo falla y de la importancia de comprender por qué se producen esos errores.
Tamara trataba de encontrar respuestas sobre el origen de las cardiopatías congénitas, alteraciones que afectan a la estructura del corazón y que pueden estar presentes desde el nacimiento. Su trabajo buscaba aportar conocimiento sobre las causas de estas anomalías y contribuir, desde la ciencia, a mejorar su comprensión.
Su vida lejos de su ciudad natal
Con solo 31 años, había construido su vida lejos de su localidad natal y estaba volcada en una investigación que podría tener repercusiones en la salud de generaciones futuras. Su fallecimiento en la tragedia ferroviaria de Urda ha truncado esa carrera y ha dejado un profundo vacío entre quienes conocían su trabajo.




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