La acampada en la Plaza de la Constitución de Málaga continúa creciendo y ya suma alrededor de 120 tiendas de campaña. Un campamento improvisado que, con el paso de los días, ha ido adquiriendo sus propias rutinas, espacios y formas de organización. Pero, sobre todo, se ha convertido en un punto de encuentro para personas muy diferentes entre sí.
No todos tienen el mismo trabajo, la misma edad ni viven en el mismo lugar. Tampoco pueden permanecer allí durante todo el día. Algunos teletrabajan desde la propia acampada; otros han pedido días libres en sus empleos para poder asistir. Hay quienes están incluso de baja laboral, jubilados que disponen de más tiempo y personas que intentan compaginar su vida cotidiana con su presencia en el campamento.
«Cada uno tiene su vida y, con ella, tiene que gestionarse para cumplir turnos de limpieza, cocina y vigilancia en el campamento» afirmaba una de las manifestantes. Hay trabajadores sociales, activistas, estudiantes y personas que simplemente han decidido acercarse y quedarse.
Cada persona tiene su rutina y se organizan para que el campamento siempre tenga gente
Salvador, un manifestante que está de excencia, explicaba a 101TV que él no solo está luchando por sus derechos, porque él sí tiene casa, también está luchando por los de su hijo. Otra de las manifestantes se ha pedido un día libre del trabajo para poder asistir el día completo a la acampada. «Trabajo durante ocho horas y estudio un doble máster, me encantaría dedicarme a estudiar cobrando el paro, pero el alquiler está tan caro que no me lo puedo permitir», nos contaba la manifestante, que está acampando con su pareja.
Una organización basada en turnos
Quienes tienen que trabajar regresan a sus puestos y, después, vuelven a la acampada como si volvieran a casa. Otros aprovechan sus días libres para estar allí durante más tiempo. «Yo he aprovechado que es feria en mi pueblo y tengo días libres en el trabajo para venir» aseguraba una de las integrantes. Los que pueden teletrabajar, han establecido una zona específica para continuar con su jornada laboral.
No siempre los horarios salen como estaba previsto. Se adaptan a las circunstancias de cada persona y a las necesidades del grupo. Unos relevan a otros y, de esta manera, intentan garantizar que siempre haya gente cubriendo los turnos.
Personas de edades y vidas diferentes compartiendo un mismo espacio
Entre las tiendas conviven personas jóvenes con otras más mayores de edad. Jubilados comparten espacio con trabajadores e incluso tienen sus sillones más cómodos para hacer más amena la estancia. Hay quienes llevan desde el primer día y otros que se van uniendo a lo largo de la semana. «Cada día que nos despertamos hay tiendas de campaña nuevas» confesaban los manifestantes.
Personas con perfiles completamente distintos. Porque detrás de cada tienda de campaña, no solo hay un saco o una esterilla. Hay personas que también han querido buscar la manera de acampar para reivindicar sus derechos.


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