Poco queda de lo que fue el último Málaga que jugó en Primera División. Tan solo Juan Cruz -y es uno de los cuatro fichajes que ha hecho el club en verano- sabe lo que es jugar de blanquiazul en la élite del fútbol español, lo que resume a la perfección la larga travesía de los boquerones alejados de la máxima categoría.
De aquel club no queda ni el presidente, Abdulah Bin Nasser Al-Thani. Aunque este sigue teniendo la mayor parte de las acciones del Málaga, el jeque se encuentra apartado judicialmente desde el 2020. José María Muñoz, que llegó para seis meses, sigue siendo el administrador judicial de una entidad que solo depende de los ingresos que genera para sobrevivir.
No han sido años fáciles. El club estuvo cerca de desaparecer hasta en dos ocasiones: a la llegada de José María Muñoz, donde el Málaga estaba sancionado por LaLiga, y tras su descenso a Primera RFEF, donde un año más en el ‹pozo› hubiese complicado el futuro de club.
Apuesta por la cantera
Una vez más, la cantera ha tirado del carro del primer equipo, algo que ha ocurrido en repetidas ocasiones durante su historia. Sin embargo, algo ha cambiado desde la llegada de Loren Juarros a la dirección deportiva: los jugadores de la casa han dejado de ser complementos para ser los primeros espadas. Y así han llegado los dos ascensos. Antoñito Cordero, con 17 años, devolvió a Málaga al fútbol profesional con un gol heroico en Tarragona, mientras que Larrubia y Chupe lo han llevado de vuelta a la élite.
Esto no es casualidad. En la primera plantilla, hasta 15 jugadores se han formado en La Academia: Carlos López, Rafita, Ángel Recio, Moussa, Murillo, Fernando Calero, Izan Merino, Rafa Rodríguez, Arriaza, Dani Lorenzo, Aaron Ochoa, Juan Cruz, David Larrubia, Haitam, Chupe. Algunos de ellos, como el lateral Rafita y el mediocentro Aaron aún tienen dorsal del filial, aunque tendrán un papel fundamental en la planificación de Funes.
Este último también llega desde la base. El entrenador de moda en el fútbol español llevaba cinco temporadas con el Atlético Malagueño, el filial del primer equipo. Aterrizó de forma forzada en Segunda con la destitución de Pellicer y con el equipo en descenso, generando dudas entre la afición. Poco tardó en cambiar esa sensación por los aplausos, subiendo al equipo con una propuesta decidida y ofensiva.
400.000 euros en traspasos en siete años
En los últimos siete años, tan solo se ha gastado 400.000 euros en fichajes. Bien es cierto que se han pagado pequeñas cantidades por cesiones como la de Fran Villalba, aunque no computa como tal en este aspecto. La única apuesta que se ha hecho ha sido por Adrián Niño en el mercado pasado, convirtiéndose en un jugador importante para el ascenso a Primera.
Hasta el momento, el club ha sobrevivido a base de cesiones y, sobre todo, fichajes a coste cero. Esta misma tónica ha seguido en Primera, aunque en este caso, sí cuenta con músculo económico para afrontar una incorporación si así lo requiere la parcela deportiva. Así es el Málaga que vuelve a la élite, muy distinto a la entidad que se marchó en 2018.


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