Una huelga haciendo un pícnic. Los padres de los alumnos del CEIP Clavero de Málaga, cansados de la situación que viven sus hijos diariamente, salieron a comer en familia frente a la puerta del centro educativo para reivindicar una buena alimentación. La calidad del comedor escolar se ha vuelto motivo de protesta. «Nuestros hijos salen con hambre, no es normal que pidan tanta comida cuando ya se supone que han comido en el centro», explicó una de las madres afectadas.
Los menores piden una comida digna ante el mal estado de los alimentos. «Soy celiaca y me traen la pasta pasada y siempre con muy poca cantidad», denuncia una de las menores, que pide más variedad para las personas que tienen intolerancias. Los afectados comentan que sus hijos consumen la comida que está a un día de caducar, con poca cantidad, insípida e incluso fruta pasada de fecha.
La Junta de Andalucía tiene abiertos seis expedientes contra ‹Mediterránea de catering›, la empresa de que gestiona la escuela, y que ha recibido también más denuncias en otros centros andaluces. Los padres hacen hincapié en que el problema no es de la directiva del colegio ni de los monitores del comedor, pero piden una solución inmediata a la alimentación de sus hijos.
Por una comida casera
La alimentación de los menores, que están en pleno desarrollo, es fundamental. Por este motivo, los padres reclaman que la comida sea casera, no descongelada y que mejore la calidad de un catering que, aseguran, «está bien pagado».
Una situación que llevan viviendo más de un año en este comedor. Las familias admiten que, al recoger a sus hijos del colegio, lo primero que hacen es reclamar o quejarse del menú. Ante esta situación, realizaron el picnic protesta con comida casera y variada. «He traído lo que sé que mi hija no suele comer: lentejas caseras, tortilla, verdura variada, fruta en condiciones…» comenta una de las madres mientras lamenta que su hija, que tiene cuatro años, no se da cuenta del mal estado de la comida.
100 euros al mes
La gran mayoría de los progenitores se quejan de que es un servicio que pagan mensualmente y no encuentran la calidad que merecen. Son aproximadamente 100 euros mensuales que se ven reflejados en almuerzos en mal estado, pescado seco y quejas diarias de sus pequeños consumidores.
Reclaman la apertura de la cocina del colegio, un servicio que actualmente mantienen cerrado por falta de permisos. «La cocina está equipada al 90%, no está en obras, se mantiene en buen estado. No entiendo por qué tardan tanto en tramitar su apertura que mejoraría las condiciones de alimentación de nuestros hijos», afirma una de las madres con incertidumbre.
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