Málaga cuenta desde 2019 con una herramienta municipal pensada para anticiparse a un gran terremoto: el Plan Sísmico de Málaga, elaborado por el servicio de Protección Civil, dentro de la concejalía de Seguridad. Su objetivo es que el Ayuntamiento sepa de antemano cómo respondería la ciudad ante un seísmo de gran magnitud y pueda organizar los recursos necesarios en cada distrito. El documento vuelve a cobrar actualidad estos días, cuando la serie de movimientos sísmicos registrada en Granada se percibe de forma leve también en la capital malagueña.
El plan cruza antigüedad, tipología constructiva y densidad de población para priorizar la respuesta municipal por distritos
El plan parte de un umbral concreto: fija en 7 y 8,5 grados la magnitud a partir de la cual un terremoto tendría consecuencias severas para Málaga capital. Con esa referencia, Protección Civil ha cruzado datos de antigüedad, tipología constructiva y densidad de población para saber qué zonas de la ciudad necesitarían una respuesta más rápida y con más medios en caso de emergencia.
Radiografía por distritos
La principal utilidad del plan es precisamente esa: identificar dónde debería concentrarse la actuación municipal. El casco histórico, en el Centro, es la zona que el estudio señala como más frágil por la antigüedad de sus construcciones, por lo que sería prioritaria en cualquier despliegue de emergencia.
Le siguen los distritos Este, Palma-Palmilla y Campanillas. En el extremo contrario, Teatinos-Universidad aparece como la zona mejor preparada de la ciudad, con edificaciones más recientes y, según el plan, sin previsión de daños severos. Esta clasificación por zonas es la que permite a Protección Civil diseñar protocolos específicos y priorizar la respuesta según el distrito, en lugar de aplicar un mismo procedimiento a toda la ciudad por igual.
Una herramienta también para calcular el impacto
Además de organizar la respuesta municipal, el plan incluye estimaciones sobre el número de viviendas que podrían resultar dañadas y las personas que se verían afectadas si llegara a producirse un seísmo de esa magnitud.
En concreto, calcula que 207.576 inmuebles registrarían algún tipo de daño, de los que 1.479 quedarían inhabitables, y sitúa en 14 el número de fallecidos en el peor de los escenarios contemplados. Se trata, en todo caso, de un ejercicio de planificación con el que Protección Civil dimensiona los recursos necesarios, no de una predicción.
La escala Richter
La escala Richter, la referencia habitual para medir la energía liberada por un seísmo, distingue hasta doce niveles de intensidad, siendo el último el más destructivo. Los movimientos de magnitud 7 se clasifican como terremotos mayores, capaces de provocar daños graves en zonas extensas, y se registran una media de 18 cada año en todo el mundo.
Ya en la franja de los 8 grados, la categoría pasa a ser catastrófica, con capacidad para afectar a un radio de varios cientos de kilómetros; este tipo de seísmos apenas se produce entre una y tres veces al año en todo el planeta.


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