Los atascos que se forman en los accesos al Polígono Guadalhorce no encuentran mucha ayuda desde la alternativa del transporte público. La línea número 27 de la EMT es la única vía directa para llegar allí, mientras que el Cercanías, que ofrece mejores soluciones con una parada en el corazón del parque empresarial, tiene que enfrentarse a inconvenientes más mundanos: la ausencia de una zona óptima para peatones e inundaciones puntuales.
De todas las rutas urbanas de los autobuses en Málaga, la 27 es, según trasladan desde el Área de Movilidad del ayuntamiento, esta es la que «menos viajeros registra». Concretamente, la ocupación media del vehículo es del 20%. 13 personajes por viaje es el promedio, y algunos de los trayectos los hace sin viajeros, según datos registrados por la EMT.
Esos datos no animan al consistorio a potenciar dicha línea. Ello, unido a que su frecuencia de es de 40 minutos en las horas puntas (primera hora de la mañana y a mediodía), no ofrecen una solución óptima para el trabajador que se quiera desplazar hasta el Guadalhorce a través de esta vía.
Otras rutas urbanas cercanas son las líneas 5, 9 y 10, con parada en Velázquez-Azucarera (Carretera de Cádiz), aunque desde ahí al Polígono Guadalhorce hay que andar un promedio de 20-30 minutos según la zona, atravesando carretera y con poca iluminación a primera y última hora del día.
El asterisco del tren
Más solvente se presenta la posibilidad de acudir en el Cercanías (C-1). En los habituales horarios laborables de lunes a viernes, la línea de Renfe ofrece una secuencia de 20 minutos entre convoy y convoy. Aunque los usuarios vespertinos suelen encontrarse con retrasos puntuales no significativos en algunos de ellos.
El gran problema de la línea ferroviaria radica en su estación, concretamente en el trazado del entorno. La salida, a la calle César Vallejo, encara una pendiente continua que desemboca en una rasante con problemas de drenaje. De hecho, en los días de intensa lluvia en Málaga, aunque no son muchos, se anega y acumula tanta agua que resulta imposible atravesar la salida, como ha ocurrido en el pasado reciente.
Los operarios de Emasa llegaron a instalar unas bombas de agua para evitarlo, si bien los empresarios del Guadalhorce la consideran una mejora eventual y no estructural. No en vano, el pasado mes de abril falló el mecanismo de activación automática de los dispositivos y volvió a inundarse la calle, que no solo es la única de acceso al tren para los peatones, sino también un transitado ramal de entrada y salida de vehículos al parque.
El trazado del polígono tampoco resulta el más óptimo para los peatones, que disponen de pasos de cebra a cuentagotas en las calles del polígono. Sin ir más lejos, no hay en la salida del ferrocarril, lo cual puede llegar a provocar que un peatón invierta varios minutos, y sin mucha seguridad, cruzar dicha carretera en las horas punta.
Además, el acerado es muy limitado, presenta numerosas irregularidades en el terreno y por momentos se hace ambiguo discernir si son aceras o carriles bici, dado el firme rojo y su diseño. La alta ocupación de vehículos pesados aparcados o entrando en las naves del polígono aumenta el particular ‹Scalextric› humano de caminar por allí.

Nueva parada de tren
En su pliego de reivindicaciones y mejoras, en Apoma también han llegado a proponer que la línea C-2, que conecta el centro de Málaga con Álora, tenga un nuevo apeadero o estación para la la zona de Huertecilla-El Tarajal.
Así, se aliviaría tensión de tráfico en la zona, mejoraría la movilidad laboral, habría mejor conexión de los espacios productivos con el transporte público metropolitano y se avanzaría hacia un modelo de movilidad más sostenible y eficiente.
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