Es ya un momento histórico del mercado de fichajes. El canterano Pablo García saliendo llorando desconsolado, ‹enmorecío› que se dice en sevillano, de la Ciudad Deportiva Luis del Sol del Real Betis. No quería irse pero se marcha del Sur al Norte, de la capital andaluza a Cantabria para ser un puntal del Racing de Santander de José Alberto.
Estaba claro que no era lo que quería a tenor de las imágenes captadas por los medios de comunicación que estaban apostados en la instalaciones béticas. Ha sido un verano intenso para un Pablo García que parecía que se iba a la Premier League a un Hull City que ha empezado la temporada como un tiro, pero que luego se alejó de Reino Unido debido a la falta de cuerdo entre el club de Heliópolis y los ingleses.
Lo siguiente fue marcar un golazo y echar tres puntos a la buchaca del Betis con un golpeo magnífico en Mestalla. Y celebrarlo por todo lo alto. Hasta se llegó a pensar que ese gol, como los cientos y cientos que ha marcado en la cantera verdiblanca, podían ser su pase para que entrara en los planes de la dirección deportiva y se quedara a jugar la Champions League con los de Manuel Pellegrini.
Nada más lejos de la realidad. Hacían falta salidas y monedas de cambio. Pablo García sale del Betis rumbo a otro equipo de LaLiga con una venta que se ha hecho oficial a minutos del cierre de mercado. El club de su vida le ha dedicado, incluso, un vídeo en sus redes sociales con sus hazañas en los equipos de cantera.
Difícil de olvidar esta noche ya para Pablo García y su familia que salían llorando a rabiar de las instalaciones béticas. Ahora tocará calmarse y ponderar su fichaje por un equipo con colores similares a los del Betis, de verde y de blanco. Todo mientras los periodistas esperaban la llegada de un Dani Ceballos, que es sin duda el culebrón del verano y del comienzo de la temporada 2026-2027.



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