Hay una frase que se repite entre quienes hacen el camino: «El Rocío dura todo el año». No es una exageración ni una consigna aprendida. Es una forma de vida. Mucho antes de que las carretas echen a rodar y el polvo cubra los caminos de Andalucía, ya hay fieles organizando reuniones, familias preparando equipajes y hermandades afinando hasta el último detalle de una tradición que, lejos de apagarse, sigue encontrando relevo.
En la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Fuengirola, los días previos son casi tan importantes como la propia peregrinación. Allí, entre costuras, flores y listas interminables, los peregrinos hablan del camino como quien habla de una casa a la que siempre se vuelve.
Mucho más que una semana
«No es solamente la semana de peregrinación», explica Paula Ocaña, miembro se los jóvenes rocieros de la Hermandad. «Es todo el año pensando en esto». Las reuniones con los jóvenes, las convivencias, las fiestas y la preparación convierten la romería en algo que trasciende lo religioso. El Rocío, para muchos, es también refugio emocional y comunidad.
Otros como Lucía Clemente, lo descubrieron hace apenas un año, en su primer camino. Y bastó una sola experiencia para quedarse atrapada en esa espera interminable que separa una romería de la siguiente. «Desde que llegamos ya estaba pensando en el camino de este año».
Porque el Rocío tiene algo de contradicción: es agotador y adictivo al mismo tiempo.
Afuera, el Rocío parece inmenso. Miles de personas, música, caballos, polvo y sevillanas. Pero dentro de las carretas la realidad es otra: espacios diminutos, vasos perdidos, calor sofocante y convivencia constante. «Todo junto en un metro cuadrado», resume Carlos Ruiz Pacheco, Vice Albacea de la hermandad. «Los primeros días suelen ser caóticos. Después, dicen, el camino empieza a fluir solo».
La intimidad de un camino multitudinario
Quizá por eso los momentos más importantes no son necesariamente los más espectaculares. El Puente del Ajolí lo recuerdan con una emoción imposible de traducir. «Ya sabes que estás ahí. Que la Virgen está cerca. Se te ponen los pelos de punta».
Otro punto destacado es «la carreta» que este año presenta una nueva incorporación: «el techo». «Esta dividido en tres partes; la primera representa Fuengirola, el centro representa el simpecado y lo último representa el camino» señala Carlos López, Albacea General de la Hermandad.
«La selección de las flores de nuestra carreta siempre lo hacemos entre todos y este año nos decantamos por el naranja» explica Ruiz Pacheco. Pero a la hora de la presentación, cada año las flores son del mismo color: «flores amarillas» y esto se debe a una tradición «en honor a quien las eligió por primera vez y como ya no está entre nosotros, mantenemos el color».
Es un momento para conectar contigo, un camino de familia y de Hermandad, los trajes son bonitos y quedan bien en fotos, pero es la tradición la que nos acompaña y lo que importa
Las redes sociales han llenado internet de vídeos del Rocío: trajes, baile, fiesta y estética andaluza. Y aunque esa imagen existe, quienes lo viven insisten en que no basta para entenderlo. «El Rocío no es solo fiesta», afirma Clemente. «Si no lo vives, puedes pensar que es solo cante y baile. Pero es mucho más».
Quizá por eso tantos repiten la misma idea cuando termina el camino: el Rocío no se explica. Se camina.



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