El problema de los accesos y la movilidad en La Cartuja se ha convertido en uno de los principales temas de discusión en Sevilla. Sobre todo, después de cada partido del Real Betis Balompié o cuando hay un concierto multitudinario. Todo ello con el horizonte no tan lejano del Mundial 2030 y la posible cohabitación de los dos esquipos de la ciudad en un futuro algo más cercano. El alcalde, José Luis Sanz, despejaba balones hace unos días al ser preguntado por el embudo y hablaba de problemas de «permeabilidad» y señalaba que era un problema también del resto de instituciones: Junta y Gobierno.
Desde la oposición aprovechan el caos de movilidad cuando hay un gran evento para señalar lo que entienden como inoperancia del Gobierno municipal. Y, mientras tanto, desde la Junta de Andalucía, el presidente Juanma Moreno incide en la idea de que tiene que ser sí o sí sede del Mundial 2030 sin querer meterse mucho en el arma electoral que supone para la ciudad con las municipales a la vuelta de la esquina.
Una ratonera
El Estadio de La Cartuja de Sevilla sigue siendo toda una ratonera. El nuevo curso liguero ha comenzado, y el Real Betis Balompié ya hace, por segunda temporada consecutiva, uso del césped de su actual estadio. Lo seguirá siendo en funciones hasta que el Benito Villamarín lleve a término su remodelación, algo que, todo apunta, sucederá allá por el 2028.
La Isla de La Cartuja afronta en los próximos años un periodo de máxima actividad que obligará a reforzar en demasía la planificación de movilidad en uno de los principales puntos de concentración de los grandes eventos en la ciudad de Sevilla. La celebración del Mundial 2030, junto con la actividad deportiva vinculada al Real Betis y quizás la del Sevilla FC -debido a que el club nervionense también acometerá la construcción de un nuevo campo a partir del mes de junio de 2027-, situará al entorno del estadio a ante un escenario de elevada demanda de entradas y salidas.
El reto no está tan solo en la garantización del acceso al estadio durante los días de partido o días de evento, sino también reside en controlar adecuadamente los flujos de tráfico, la dinamicidad del transporte público, los itinerarios peatonales, los ciclistas y, por supuesto, la conexión de La Cartuja con el resto de la ciudad hispalense. Todos estos se saben elementos clave para evitar que los picos de afluencia se traduzcan en problemas de circulación.
La transformación de La Cartuja en uno de los principales escenarios deportivos de la capital andaluza incrementará la ya existente presión sobre las vías de acceso a la zona, especialmente en las horas previas y posteriores a los eventos. En este marco, la movilidad tendrá que adaptarse a una demanda que puede multiplicarse en cuestión de minutos y que requiere de una coordinación específica entre tráfico, transporte público, seguridad y organización de los acontecimientos.
Si se va a sumar el Sevilla, ya no sería un problema cada 15 días, sino semanal
Un tema de ciudad
«A mí lo que me sorprende es que el Betis lleve jugando dos temporadas en el estadio de La Cartuja, y el otro día escuchemos al señor Sanz decir que no es responsabilidad suya…» dejaba caer Muñoz en una entrevista a 101TV, candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla. «Salir y entrar del estadio cada vez que el Betis juega es un suplicio; si se va a sumar el Sevilla, ya no sería un problema cada 15 días, sino semanal»
En contraste, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, asegura que «el estadio no tiene un problema de acceso debido a su ubicación y a sus conexiones con la ciudad, sino que existen dificultades de permeabilidad en la propia parcela, especialmente en los momentos de mayor afluencia». Así, Sanz explicaba en un desayuno a la prensa cómo La Cartuja goza de una comunicación como pocos otros, destacando su cercanía con la SE-20 y la SE-30, en adición a su proximidad al núcleo urbano de la ciudad.
El Mundial 2030, en la línea de salida
La celebración del Mundial de fútbol 2030 representa el principal desafío a medio plazo. La ciudad de Sevilla será una de las veinte sedes principales de la competición, y La Cartuja tendrá que estar preparada para recibir a miles de aficionados, tanto residentes como visitantes, durante las jornadas mundialistas.
El volumen de desplazamientos asociado a un acontecimiento de tal embergadura obligará a priorizar las rutas de transporte capaces de absorber grandes cantidades de viajeros y a establecer dispositivos especiales de movilidad. La experiencia de otros grandes eventos internacionales demuestra que la planificación previa resulta algo clave para evitar la saturación de los accesos y garantizar seguridad y eficiencia.
A todo ello se le suma la necesidad de conectar el estadio con los principales transportes de la ciudad y con las zonas de alojamiento y actividad turística. El objetivo será que el acceso al estadio no dependa exclusivamente del vehículo privado.
Sevilla tendrá así una oportunidad para convertir los grandes eventos deportivos en un banco de pruebas para su modelo de movilidad. Se hará en La Cartuja, pero el examen será para toda la ciudad.
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