Hubo un Torremolinos que no se explicaba solo con sombrillas, hoteles y turistas. Bajo el sol de la Costa del Sol también sonaban guitarras eléctricas, baterías y voces que miraban hacia Londres. Jóvenes europeos llegaban a la localidad atraídos por el clima y la libertad; los españoles encontraban allí un escenario donde tocar una música que todavía parecía venir de otro mundo.
Ese es el Torremolinos que recupera Manolo Bellido, periodista y codirector en ‹Back in Time›, un documental codirigido junto a Sigfrid Monleón y estrenado en el Festival de Málaga.
Para Bellido, el viaje es también personal. «Este largometraje es un poco mi retorno a mi propia infancia», explica. Su mirada parte de una pasión que atraviesa su trayectoria: «Me ha gustado siempre la música, la música definida como rock urbano».
La película se adentra en aquel Torremolinos de los 60 y 70, cuando el municipio se convirtió en un foco internacional de música y cultura. El Pasaje Pizarro aparece en el relato como un auténtico «yacimiento del rock and roll en España». Allí estaban salas como ‹El Grotto› y ‹Top Ten›, auténticas canteras para grupos como Los Íberos, Los Ídolos, Los Soñadores, Los Silver’s o Los Ángeles.
Una isla de libertad
La importancia de aquel escenario iba mucho más allá de la música. Torremolinos era entonces un lugar cosmopolita donde convivían turistas extranjeros, artistas y jóvenes españoles en un ambiente difícil de encontrar en la España franquista. Fuentes históricas describen sus clubes como espacios donde sonaban pop, rock y ritmos afroamericanos y donde convivían públicos de distintas nacionalidades.
Bellido lo resume como «una isla de libertad o un espacio de semilibertad, donde la música abría puertas que la sociedad entonces mantenía cerradas». La propia sinopsis del Festival de Málaga habla de una época de «efervescencia artística» en la que ciertas libertades individuales fueron posibles pese a la dictadura.
Volver al lugar donde empezó todo
Back in Time no se limita a reconstruir una nostalgia. Su propósito, cuenta Bellido, es «destapar algo que permanecía oculto y mostrárselo a las nuevas generaciones». El documental sigue las huellas de aquella generación y viaja también hasta los lugares donde hoy viven sus protagonistas.
La película, de 83 minutos, reúne la música de grupos como Los Ídolos, Los Canarios, Los Soñadores, Los Silver’s, Gong, Storm, Los Íberos y Los Ángeles. Y su viaje ya ha dejado premio: Bellido recuerda el reconocimiento obtenido en el Get Back Music Dog Festival de Madrid.
Pero quizá la verdadera conclusión esté en la última parada, en la Torremolinos de hoy. Bellido mira el futuro del rock con esperanza: «a veces tenemos que irnos un poquito back in time para recordar esa época, esa música y todos los elementos que aún hoy en día siguen persistiendo en Torremolinos».
Y quizá ahí esté la clave: algunas ciudades cambian de música, de público y de paisaje, pero conservan algo parecido a un eco. En Torremolinos, aquel eco todavía suena.



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