«Ponerme una bata de cola o un mantón era para mi un paso a la libertad, pero para muchos otros seguía siendo un acto que necesita explicación». Manuel Liñán es una de las figuras más referentes del flamenco contemporáneo actual.
Con un Premio Nacional de la Danza, entre otras distinciones, el bailaor y coreógrafo destaca por su enorme capacidad para combinar la tradición del baile con una visión innovadora y personal, ofreciendo espectáculos de gran intensidad expresiva.
Este martes 22 de septiembre, el artista irrumpirá en la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla con el espectáculo ‹Bailaor@. Recital de baile›, una última propuesta con la que Liñán anuncia «una propuesta única». Tanto es así, que el bailaor ha confesado a los medios que le habla del espectáculo a los compañeros como «el día de su boda», en un encuentro este lunes en el teatro de la Maestranza, junto al director de la Bienal Luis Ybarra y la delegada de Turismo y Cultura del Ayuntamiento, Angie Moreno.
Una noche plagada de sorpresas
El espectáculo, que ya roza el ‹sold out› a falta de veinte entradas aún a la venta, se promete como una entrega inédita por parte del artista, que, además, estará acompañado de otros grandes del mundo flamenco, como por ejemplo Rafael Campayo o Tomasito, además de otros invitados sorpresa que Liñán no ha querido desvelar.
El director de la Bienal, Luis Ybarra, ha destacado que «Manuel Liñán ha conseguido algo verdaderamente difícil en el mundo artístico: que sus intereses sean también los de la mayoría».
En este sentido, Ybarra ha afirmado cómo el bailaor ha conectado con el gran público a través de un baile de una calidad «indiscutible», temáticas de rabiosa actualidad sin renunciar a «los de siempre», y montajes de enorme contundencia, tanto en solitario como coreografiando para cuerpos de baile.
Manuel Liñán ha destacado que ‹Bailaor@› llega después de otras producciones con más personas. «Ahora necesitaba un espacio para mí donde simplemente pueda bailar, irme a mi pasado, a mis raíces, donde solo bailaba y no contaba una dramaturgia. Siempre me ha gustado el baile por el baile. Y necesitaba tener ese espacio en este momento, y hacerlo sin miedo», ha asegurado el bailaor.
«Me preguntaban si me llamaban con otro nombre o si era travesti, simplemente soy Manuel»
Al principio del siglo XX las mujeres se pusieron pantalones. Un acto de cambio, revelación y reivindicación que en la sociedad de aquel entonces no cayó nada bien, y que necesitó de tiempo e insistencia social para que se produjera una «aceptación» de lo propio.
Manuel Liñán se plantó una bata de cola y un mantón a sus 37 años, pero asegura que desearía haber tenido el valor de hacerlo mucho antes: «Tal y como descubrí la bata de cola y el mantón, me encerré en un estudio a probar cosas».
A partir de ese antes y después en su trayectoria creativa, para el bailaor comenzaron horas interminables dedicadas al uso de estos complementos para poder ampliar su lenguaje y crear sus propias líneas expresión flamenca.
«Cuando te pones una bata de cola y bailas es increíble, pero cuando para mi era un paso hacia la libertad, para muchos otros seguía siendo chocante», «La gente busca una explicación al ver un hombre bailando con bata y mantón», asegura Liñán.
El artista asegura que nadie entendía su decisión y que costó trabajo en la mentalidad de algunas personas que un hombre pueda ponerse una bata de cola y bailar, sin perder su identidad. «Me preguntaban si me llamaban con otro nombre o si era travesti, yo simplemente soy y quiero seguir siendo Manuel».
Formado en Granada junto a las grandes figuras de Manolete y Mario Maya, Manuel Liñán rendirá un homenaje a EFAD, la escuela que le vio nacer, y confiesa estar «súper nervioso» de cara a la gran cita de mañana, pero ya «sólo queda disfrutar».
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