Durante las olas de calor, el interior de los coches puede superar los 60 grados y el asfalto alcanzar los 70. Debido a ello, los sistemas de los vehículos sufren un mayor desgaste, sobre todo si no se realizan los mantenimientos correspondientes. Las temperaturas extremas no solo suponen un riegos para los conductores. Con la subida de los termómetros los neumáticos, el refrigerante, los frenos y otros elementos pueden verse seriamente comprometidos.
Entre las principales partes que se ven afectadas se encuentran:
- El sistema de refrigeración: El líquido refrigerante puede evaporarse o escaparse a través de fugas en los manguitos o las gomas del vehículo, provocando deformaciones en la junta de culata o averías en el bloque motor, cuyas reparaciones suelen ser muy costosas. El electro-ventilador también trabaja sin descanso para mantener el motor a una temperatura adecuada.
- El sistema eléctrico: No solo el frío afecta a la batería. El calor extremo favorece la evaporación del electrolito de su interior y aumenta la corrosión de los bornes, reduciendo progresivamente su capacidad para suministrar energía. El deterioro de la batería puede acarrear fallos en los sistemas electrónicos, además de impedir el arranque del vehículo. El alternador, la pieza encargada de generar y distribuir la electricidad del vehículo, también puede trabajar de forma menos eficiente debido al aumento de la resistencia eléctrica de los cables provocado por las altas temperaturas.
- La lubricación del motor: Con las altas temperaturas, el aceite pierde viscosidad, debilitando la película protectora que evita el roce directo entre las piezas metálicas del motor. Esto puede provocar que el motor llegue a griparse si el aceite es viejo o de baja calidad. El sistema de aire acondicionado: Si el nivel de gas refrigerante es bajo, el compresor tiene que realizar un mayor esfuerzo para enfriar el habitáculo. Esto puede provocar averías por sobresfuerzo y aumentar el consumo de combustible.
- El sistema de frenado: Es un elemento que ya genera altas temperaturas debido a la fricción. Si a ello se suma la acumulación de calor provocada por un uso continuado en una conducción exigente, puede producirse una pérdida de eficacia del sistema y aumentar la distancia necesaria para detener el vehículo por completo. El uso del freno motor ayuda a reducir la fatiga de este componente.
- Los neumáticos: El aumento de las temperaturas ablanda la goma de las ruedas y reduce su durabilidad, además de aumentar la presión en el interior de la cámara, aumentando así las probabilidades de un reventón.
Cómo evitar las averías
La mayoría de estos problemas aparecen durante el verano y se producen como consecuencia de pequeños descuidos que hacen que el calor lleve los distintos sistemas del vehículo al límite. Siempre que sea posible, es recomendable estacionar en zonas de sombra o, en su defecto, utilizar un parasol, un elemento imprescindible para reducir la temperatura del habitáculo.
Antes de comenzar un viaje, conviene revisar el estado de los neumáticos y comprobar su presión, verificar el nivel del refrigerante y del aceite mediante la varilla y asegurarse de que la batería no presenta signos de corrosión.
Otros consejos que pueden resultar útiles para minimizar los efectos del verano son evitar apagar el motor inmediatamente después de un gran esfuerzo. Al llegar al destino, es recomendable dejar el motor al ralentí durante uno o dos minutos. Esto permite al vehículo aclimatarse y evitar que se carbonice aceite dentro del turbocompresor.
También es aconsejable cuidar la tapicería y el salpicadero con productos específicos para su limpieza y protección. En el caso de los asientos de cuero, se recomienda utilizar productos con un pH neutro.
Otro punto a tener en cuenta es el cuidado de la pintura y la carrocería, ya que el calor puede provocar el debilitamiento de la capa de laca e incluso hacer que se agriete. Para evitarlo, es recomendable aplicar una capa de cera con protección UV antes del inicio de la temporada estival. Asimismo, lavar el coche al mediodía puede provocar choques térmicos debido al contraste entre la temperatura de la carrocería y el agua fría, lo que puede acabar dañando la pintura.
Unos buenos hábitos y algunas revisiones eventuales de no más de cinco minutos pueden marcar la diferencia entre conducir o ir andando al chiringuito este verano.



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