Lo que nació como un videojuego de capturar monstruos es hoy un universo que ha logrado expandirse a la animación, la moda e incluso juegos de cartas. Pokémon celebra su 30 aniversario y entre algunos de sus homenajes está la reedición de algunas de las cartas de la franquicia, que han sido un símbolo desde su nacimiento.
Precisamente de este último, el Trading Card Game (TCG), ha surgido un negocio que ha tomado tintes de otras producciones como ‹Narcos› o ‹El Lobo de Wall Street›. Lo que comenzó en los patios de recreo como un simple juego de naipes, ha pasado a ser una inversión multimillonaria. Todo recae en la antigüedad, la rareza de las cartas y la puntuación que pueden obtener por su calidad física. Hoy en día, no es lo mismo una carta básica de la última colección que un Charizard holográfico de la primera edición y calificado con un 10.
La realidad de este mercado ha roto todos los esquemas. Lo que antes era el contenido de un sobre con el que se jugaba en el recreo, se ha convertido en una pieza de museo encapsulada. Una inversión que puede llegar a valer más que una casa o un coche.
Alejandro Montes, trabajador de Olebox y coleccionista, explica que lo que influye en el valor de las cartas «es el fandom del Pokémon», es decir, lo mucho que le guste a la gente el monstruo que aparece impreso. Para Montes, «el 5% juego, 90% coleccionismo y 5% especulación, pero, en general, se compara con la bolsa porque el precio siempre está subiendo un poquito más, un poquito menos, y es jugársela».
Empresas externas analizan y puntúan las cartas de Pokémon
Estas cartas de Pokémon, además, pueden ser enviadas a empresas especializadas que las califican con una puntuación por el estado y la calidad, lo que puede hacer que su valor aumente o disminuya. Alejandro Montes explica que la puntuación que ofrecen estas empresas depende de las características de la impresión como «el centrado de la imagen o la calidad de las esquinas».
El resellado de sobres y las falsificaciones, un problema
Donde hay dinero, también nace el fraude. Entre los problemas que existen están los resellados y las falsificaciones, que por suerte pueden ser fácilmente distinguibles. «Todos los día vienen niños con sobres falsos», relata Alejandro Montes. El truco está en el interior de la propia carta. «Si tu abres una carta europea, aparece una línea negra», explica Alejandro mientras enseña dicha característica. También los brillos son totalmente distintos y no consiguen ser replicados por las falsificaciones.
Han pasado 30 años desde que este videojuego japonés capturó el mundo. Hoy, ya sea para jugar en una mesa o para especular con ello, el lema sigue siendo el mismo: ¡Hazte con todos!



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