El incendio forestal declarado el pasado 6 de agosto en el paraje Raboconejo, en Niebla de la provincia de Huelva, ya está oficialmente extinguido. El Plan Infoca ha dado por finalizados los trabajos de extinción este viernes a las 21.00 horas, después de casi dos semanas de lucha contra un fuego que ha dejado una de las mayores superficies afectadas por las llamas en Andalucía durante este verano, con unas 33.000 hectáreas calcinadas.
El incendio ha obligado a mantener durante días un amplio dispositivo sobre el terreno debido a la dificultad para controlar su evolución. Los continuos cambios de viento, la situación de la zona, la gran cantidad de vegetación disponible como combustible y las condiciones atmosféricas complicaron las labores de los equipos de emergencia. A estos factores se sumaron fenómenos como la inversión térmica y las corrientes convectivas, capaces de modificar rápidamente el comportamiento del fuego.
El vicepresidente primero de la Junta y consejero de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, Antonio Sanz, ha destacado el trabajo realizado durante estas dos semanas para poner fin a un incendio que ha calificado de «complejo, difícil y peligroso». En las labores han participado efectivos del Plan Infoca, la UME, los consorcios de bomberos de Huelva y Sevilla y el Parque de Bomberos de Huelva capital, además de otros equipos técnicos y especialistas.
Consecuencias de gran magnitud
Más allá de las hectáreas afectadas, un incendio de estas dimensiones deja consecuencias que pueden prolongarse durante años. La pérdida de masa forestal supone un importante impacto sobre los ecosistemas, afecta a la fauna y flora y aumenta el riesgo de erosión del suelo, especialmente ante episodios de lluvias intensas. La recuperación de las zonas quemadas puede requerir décadas y dependerá, entre otros factores, de la capacidad de regeneración de la vegetación.
El fuego también ha tenido consecuencias para las personas que viven en los municipios próximos, con la incertidumbre y el riesgo asociados a un incendio de esta magnitud. La extinción pone ahora fin a la emergencia, pero abre una nueva etapa centrada en evaluar los daños y favorecer la recuperación del territorio.
El trabajo de los equipos de emergencia durante estas semanas ha sido clave para contener las llamas y evitar que sus efectos fueran todavía mayores. Con el incendio ya extinguido, el reto pasa ahora por recuperar una superficie que tardará mucho más tiempo en volver a mostrar el paisaje que tenía antes del fuego.


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