Un trozo del patrimonio histórico de Cádiz brillará con luz propia en Madrid. El monumental retrato ecuestre de Carlos II, de más de dos metros de altura, dejará temporalmente las salas del museo provincial para instalarse en el Edificio de los Jerónimos del Museo del Prado. El motivo es mayúsculo: formará parte de una ambiciosa exposición temporal que arrancará el próximo 1 de diciembre y que pondrá en valor el papel fundamental de la reina Mariana de Austria en la creación de las colecciones nacionales.
Este viaje de ida y vuelta esconde detrás una generosa historia local. La obra llegó a Cádiz gracias a la pintora, escritora y académica gaditana Alejandrina Gessler de Lacroix —quien firmaba bajo el seudónimo de Madame Anselma—. En el siglo XIX, la creadora decidió donar parte de su colección privada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, dejando un legado que hoy enriquece las paredes del museo gaditano.

Secretos desenterrados bajo el barniz
El traslado al Prado ha sido la oportunidad perfecta para someter al cuadro a una intervención profunda que devuelva la pieza a su estado original. Un equipo de especialistas de la empresa Batea trabaja intensamente en las propias instalaciones del Museo de Cádiz para culminar una restauración integral, financiada por la pinacoteca madrileña.
Los trabajos ya están dando sus frutos y han sacado a la luz auténticas sorpresas que permanecían ocultas por el paso del tiempo y por antiguas manos poco expertas. Al retirar los viejos barnices oxidados, los restauradores han descubierto que en el pasado se pintaron nubes artificiales que tapaban el luminoso amanecer original ideado por el autor, obligando al lienzo a lucir «cielos inventados» durante décadas.
Otra de las revelaciones pictóricas es la alteración casi por completo del color original del caballo y del paisaje inferior; un retoque tosco del que milagrosamente se salvó la figura del rey niño, la única zona que quedó libre de estos repintes agresivos.
Inmersos en su tarea de recuperación, los técnicos han localizado y corregido también una rotura a la altura del vientre del animal que se había disimulado de manera muy deficiente en intervenciones anteriores. Con la subsanación de estas viejas cicatrices, el lienzo recibe un tratamiento clave para su conservación preventiva de aquí en adelante.
Un vuelco en la historia: ¿Quién lo pintó realmente?
La expectación en torno al lienzo no solo se debe a su restauración, sino a un reciente vuelco histórico sobre su autoría. Durante décadas se dio por hecho que la obra había salido de los pinceles de Juan Carreño de Miranda. Sin embargo, las últimas investigaciones de los expertos han cambiado el guion: el cuadro pertenece en realidad al círculo de Sebastián de Herrera Barnuevo, un brillante discípulo del gran maestro Alonso Cano.
La confirmación definitiva de esta nueva atribución llegó tras descubrirse una obra prácticamente idéntica que ha sido adquirida recientemente por Patrimonio Nacional.
Fechas para la agenda cultural
Los amantes del arte tendrán que esperar a que el cuadro regrese a casa el próximo año para volver a verlo en su sitio habitual. De momento, el calendario corre a favor del proyecto: los trabajos de restauración en Cádiz terminarán a principios de noviembre, listos para inaugurar la exposición en Madrid del 1 de diciembre de 2026 al 28 de marzo de 2027.



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