Con un «¡Hola chatines!» comienza la aventura de Alfonso Rubio. Es una expresión heredada de su abuela, que siempre le llamaba así de pequeño. Ahora se ha convertido en el saludo de sus vídeos, en los que muestra cómo cada día que pasa dedica un minuto más a limpiar las calles de basura. Uno el primer día, dos el segundo, tres el tercero. Así hasta lograr su objetivo: llegar al año y pasar 365 minutos (más de seis horas) recogiendo residuos.
«Llevaba un tiempo que no me ubicaba, no terminaba de encontrarme. Puede que sea la crisis de los treinta», bromea. Y es que detrás de su iniciativa ‹Un tapete mejor›, hay un completo cambio de vida.

Un giro de 180 grados
Rubio, natural de San Pedro Alcántara, estudió Ingeniería Industrial en Málaga y desarrolló su carrera profesional entre Málaga y Madrid, donde trabajó como ingeniero. Sin embargo, tras varios años en proyectos empresariales, decidió hacer lo que casi todo el mundo anhela alguna vez en la vida: volver a casa.
Fue entonces cuando regresó a Marbella con una idea clara: hacer algo que le aportara sentido y que, a la vez, tuviera un impacto positivo en su entorno. «Quiero hacer algo que me contribuya a mí, pero también que me haga sentir que estoy contribuyendo al resto», afirma.
Y esa búsqueda personal coincidió con una preocupación que llevaba años acompañándole: encontrar basura en cualquier rincón. «Siempre me ha dado muchísimo coraje encontrar basura por la calle», explica. Para él, el problema va más allá del impacto ambiental. «Creo q que es una manera de exteriorizarlo; si nos cuesta cuidarnos a nosotros, ¿cómo vamos a cuidar el medio?».
Si nos cuesta cuidarnos a nosotros, ¿cómo vamos a cuidar el medio?
Cada minuto cuenta
Así que, ahora, sale cada día con una bolsa para recoger residuos: desde latas vacías a cajas de pizza, herramientas o incluso muebles. «El día uno fue un minuto, el día dos recogí dos minutos, el día tres tres minutos, y así sucesivamente», relata. Y así seguirá hasta llegar, al menos, a los 365 minutos. «He estado echando jornadas de ocho, diez o doce horas durante muchísimas semanas. ¿Por qué no hacerlo con algo que me llena?», se pregunta.

Por su originalidad, su desparpajo y su buena intención, el proyecto del sampedreño ha logrado crear una comunidad en redes sociales, donde acumula miles de visitas. Aún así, Rubio insiste en que su propósito no es animar a la gente a salir a recoger basura, sino evitar que esta llegue a tirarse. «Lo más triste de la basura no es que esté; lo más triste es que nos hayamos acostumbrado a que esté», lamenta.
De hecho, la normalización del problema es uno de los mayores obstáculos, según explica: «Sabemos que el mundo está lleno de basura y lo tenemos interiorizado, como si fuera parte del escenario de la vida», señala. Frente a esa resignación, defiende que cualquier persona puede actuar. «Aunque las cosas estén mal, está en nuestra mano poder mejorar, aunque sea un poquito. Si tú mejoras tu parcelita y el otro te ve recogiéndola, también va a querer hacer lo mismo con la suya».
El mundo está lleno de basura y lo tenemos interiorizado, como si fuera parte del escenario de la vida
Empatía y proyección
Sus recorridos se concentran principalmente en San Pedro Alcántara y priorizan lugares donde los servicios municipales no llegan con facilidad, como descampados, cunetas o aparcamientos. Pero Alfonso no solo tiene empatía con el medio ambiente: el joven no quiere que se cuestione el trabajo de los operarios de limpieza, y aclara que su labor es complementaria.
Y más allá de un ‹trend› en redes, Alfonso Rubio, con su vena de emprendedor inconformista, quiere hacer que el tapete sea mejor, pero a lo grande. Reconoce que le gustaría, en un futuro, profesionalizar su labor. Crear una empresa que le permita vivir de lo que realmente le llena, de cuidar el tapete.

«El mundo es el tapete sobre el que vivimos, sobre el que andamos, sobre el que trabajamos, nos enamoramos, vivimos cosas y lloramos. Si el tapete puede estar un poquito mejor, el mundo también puede estar un poco mejor», resume Alfonso antes de colocarse los guantes y ponerse manos a la obra.



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