Obreros de la empresa pública Tragsa y operarios gibraltareños trabajan a la carrera en ambos lados de la Verja gibraltareña para culminar el desmantelamiento de los controles físicos y la adaptación de las nuevas aduanas, cuando estamos a un mes justo de que el próximo 15 de julio entre en vigor el histórico Acuerdo Unión Europea-Reino Unido sobre Gibraltar .
Estas intervenciones de urgencia, que cuentan con una inversión estatal de dos millones de euros, buscan suprimir definitivamente las retenciones fronterizas y trasladar el control Schengen al aeropuerto y al puerto gibraltareños.
Sin embargo –y aunque parezca frívola la situación– los trabajos se ejecutan bajo una fuerte presión logística porque el famoso retraso del acuerdo que se estableció -en primera instancia- que arrancara el pasado 10 de abril con los cambios imprescindibles para su aplicación. No fue así, una vez más se incumplieron los plazos y la nueva fecha propuesta se ha colado en un calendario nada baladí: la celebración de la Velada y Fiestas de La Línea de la Concepción. Una feria, La Salvaora, que reunirá en el terreno colindante a esos 1.800 metros cedidos por ayuntamiento linense, a miles de ciudadanos que, más allá del público local y de los alrededores, acoge a visitantes y turistas que en el mes de julio visitan la comarca y alrededores.
Todo debe estar despejado en quince días. A partir del 1 de julio atracciones, feriantes, caseteros, técnicos de alcantarillado y suministros, proveedores se moverán a diestro y siniestro por las cercanías de unas obras históricas con repercusión internacional. Una instalación que ya está ejecutándose conviviendo con la historia de un cambio brutal en la fisonomía de una frontera que ha abierto muchas brechas en esta última frontera terrestre de la Unión Europea con el Reino Unido y su decisión tomada en junio de 2016 con un Brexit que dolió a propios y extraños.
Picardo ha solicitado al Comité de Descolonización que envíe una delegación a visitar el Peñón y que recomiende a la Cuarta Comisión de la Asamblea General su exclusión del listado de territorios pendientes de descolonizar
Dos realidades separadas por un muro de hormigón
Visualizar hoy in situ el estado de las obras evidencia que el cambio en la fisonomía de la zona es irreversible. Aunque la maquinaria y el número de operarios no son abrumadores, el movimiento de tierras, el traslado de escombros de las estructuras retiradas y el ruido constante son la mayor prueba de la metamorfosis.
El cambio más brutal se observa en el edificio del nuevo aeropuerto de Gibraltar. Hacia el exterior, ya destacan dos módulos que parecen completamente terminados y rodeados por una nueva vía de acceso asfaltada. Esta zona aeroportuaria será la sede física donde operará la Policía Nacional española. En este punto exacto, la vieja verja ya ha desaparecido: en su lugar, se ultima la instalación de un murete de piedra de color vainilla coronado por una reja de color verde esperanza que perimetrará el nuevo recinto aduanero.
Sin embargo, la modernización contrasta de forma chocante con el pasado. Apenas a unos metros de las nuevas obras, la dura imagen de la frontera con pilares de hormigón rematados con los retorcidos alambres de concertinas sigue intacta extendiéndose desde la entrada de personas y mercancías hasta la misma orilla de la playa conocida como la rejita. Una estampa fría, dura y rígida que evoca épocas de aislamiento. Un vestigio que parece arrancado de una película de la Segunda Guerra Mundial.
El reto logístico de los nuevos accesos
La convivencia diaria en el paso fronterizo se ha convertido en un ejercicio de paciencia. Excavadoras, grúas, tuberías, material de construcción y martillos hidráulicos que levantan bordillos y pavimento a contrarreloj se entremezclan con el tránsito habitual de un paso que cruzan a diario miles de trabajadores, transportes de empresas y maquinaria. La nota más práctica la ha impulsado la empresa encargada de las obras, Tragsa, optando por un horario nocturno de trabajo que permita evitar trastornos mayores.
«Llevamos años esperando esto»
A pesar de los desvíos provisionales, las nubes de polvo y el ruido, los miles de trabajadores transfronterizos que cruzan a diario aceptan de buen grado las molestias.
«Llevamos años esperando una relajación en los controles, menos retenciones en el paso y más fluidez para poder acceder a nuestros puestos de trabajo», comentan varios operarios que se disponen a cruzar la verja hacia el Peñón. Respecto al estruendo de la maquinaria, sonreían con resignación: «al ruido estamos más que acostumbrados. A veces te toca un avión aterrizando al lado y eso ya tiene unos decibelios fuera de lo normal. Es nuestra rutina».
La Línea y Gibraltar encaran así sus últimos 30 días de frontera tradicional. Una transición en la que el asfalto fresco, el murete color vainilla y la reja verde esperanza pretenden sustituir de manera definitiva las barreras físicas que marcaron la historia reciente de la comarca.
El adiós de Picardo en la ONU: el último discurso del Ministro Principal por la autodeterminación
Esta metamorfosis sobre el asfalto coincide de pleno con un hito político de gran trascendencia al otro lado del Atlántico. Coincidiendo con la jornada de hoy, el Ministro Principal de Gibraltar, Fabián Picardo, se ha dirigido por última vez en su mandato ante el Comité Especial de las Naciones Unidas para la Descolonización –el Comité de los 24– en Nueva York. Una intervención de enorme carga simbólica que se produce exactamente ochenta años después de que el Peñón fuera incluido en la lista de territorios no autónomos (1946) y sesenta y tres años después de que los gibraltareños comparecieran por primera vez ante este organismo.
Picardo, el cuarto mandatario en la historia de la colonia en tomar la palabra en este foro y el que más intervenciones ha pronunciado ante el mismo, ha aprovechado su despedida institucional para ligar el inminente escenario del Tratado con la Unión Europea a la defensa innegociable de la soberanía. Durante su discurso, ha expuesto con firmeza los argumentos de Gibraltar a favor de su autodeterminación, solicitando oficialmente al Comité que envíe una delegación a visitar el Peñón y que recomiende a la Cuarta Comisión de la Asamblea General su exclusión definitiva del listado de territorios pendientes de descolonizar.
«Ha sido uno de los mayores honores de mi vida poder hablar en nombre del pueblo de Gibraltar ante este Comité», ha manifestado Picardo en sus palabras de despedida. «Al dirigirme a él por última vez en calidad de Ministro Principal, lo hago con esperanza y con confianza en la generación de gibraltareños que vendrá después. Nuestro compromiso con las relaciones de buena vecindad y con nuestro derecho a la autodeterminación sigue siendo tan firme como siempre. Sé que, a la larga, la Cuarta Comisión no tendrá más remedio que retirarnos de la lista, pero ese día solo llegará si nos mantenemos firmes en la defensa de los derechos de los gibraltareños ante ella».
Un cierre político de primer nivel que marca el fin de una era en los despachos internacionales mientras, a pie de calle, el futuro se construye a golpe de excavadora y martillo hidráulico.



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