Detrás de las imponentes grúas de la Bahía de Algeciras y del baile incesante de megabuques portacontenedores hay vidas humanas. Hombres y mujeres de mil nacionalidades distintas que pasan meses confinados entre paredes de acero para que el engranaje económico no se detenga. Con esa realidad sobre la mesa, el Puerto de Algeciras ha dado hoy un paso clave que va mucho más allá de las frías estadísticas de tráfico de mercancías: la constitución oficial del Comité de Bienestar de la Gente de Mar.
La iniciativa, impulsada con fuerza por la Autoridad Portuaria (APBA) que preside Gerardo Landaluce, no busca ser otro foro de despachos y firmas protocolarias. Nace con un objetivo puramente asistencial y de trinchera: coordinar de una vez por todas a las instituciones públicas y privadas para mejorar de forma real la atención, la asistencia y la vida en tierra de las tripulaciones que recalan en los muelles algecireños.
Un escudo social en mitad del Estrecho
La percha técnica responde a los mandatos internacionales del Convenio sobre el Trabajo Marítimo de la OIT, pero la urgencia es local.
El puerto algecireño es un gigante logístico donde el factor humano a veces corre el riesgo de quedar eclipsado por el volumen de toneladas. Lo resumía de forma impecable el capellán del Puerto de Algeciras, el padre Jovannie Postrano, al agradecer el respaldo institucional para atender a un colectivo invisible pero crucial: «Son los responsables del movimiento del 90% del comercio mundial».
Cuando estos marinos bajan a tierra, sus necesidades van desde el apoyo psicológico y la asistencia jurídica hasta algo tan básico como una red Wi-Fi para hablar con sus familias tras semanas incomunicados.
Para que el engranaje funcione, el nuevo órgano ha conseguido sentar en la misma mesa a actores que tradicionalmente operan en parcelas independientes. En la firma del acta han estado presentes desde Capitanía Marítima y Puertos del Estado —representados por su director de Explotación, Pedro García— hasta el brazo social e histórico de la Iglesia a través de Stella Maris. Tampoco han faltado el sindicato internacional ITF, la Corporación de Prácticos de la Bahía y las patronales del sector, APEMAR y AESBA.
Coordinación para detectar emergencias
Con este frente común, Algeciras replica un modelo de colaboración que Puertos del Estado quiere extender por todo el mapa nacional. El comité funcionará como un radar para detectar las carencias del recinto aduanero, plantear soluciones habitacionales o de transporte para los marinos y canalizar las denuncias en casos de abandono de buques o impagos de salarios a las tripulaciones, situaciones dramáticas que el Estrecho de Gibraltar vive de manera cíclica.
La APBA refuerza así una dimensión social que el sector marítimo exigía a gritos. Se trata, en definitiva, de garantizar que Algeciras no solo sea un puerto eficiente para los números y las navieras, sino también un refugio seguro y digno para las personas que, con su esfuerzo diario en mitad del océano, sostienen el día a día de nuestra sociedad.



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