Hubo un tiempo que en Andalucía el nombre de Gaspar Zarrías significó mucho dentro la política andaluza. Hombre para todo en aquellos Ejecutivos socialistas desde la época Manuel Chaves a Pepe Griñán, este jienense del pueblo de Cazalilla aunque nacido en Madrid por azares del destino era lo que se conoce como el ‹fontanero› del PSOE en Andalucía. Algo así como un ‹Rubalcaba sureño› cuyo destino ha quedado marcado por las causas judiciales: los ERE y ahora el caso ‹Leire Díaz›. Lo que no tanta gente sabe es que antes que político, Zarrías fue un prometedor futbolista del Atlético de Madrid.
De corta estatura, calvo y con bigote, la figura de Zarrías no pasa desapercibida para los que han escrito la crónica política de la Andalucía autonómica. Denominado en ocasiones como el ‹señor Z› del PSOE de Andalucía, por el que pasaba la línea estratégica y sobre toda la financiera del partido, este militante socialista desde que tenía 17 años ha estado en todas las salsas socialistas de las últimas décadas de la Federación más grande e importante del puño y la rosa.
Pero a mucha gente le cuesta imaginar que tras la estampa de este ‹burócrata de las cloacas› se esconda lo que en su día fue una joven promesa del fútbol. Gaspar es hijo de Juan Zarrías, un histórico socialista de la clandestinidad en la lucha de Franco. Un pedigrí que acabó siendo decisivo en su larga carrera política, a la que llegó tras estudiar Derecho en la Universidad Complutense y después de que una lesión truncara sus aspiraciones deportivas en el balompié.
Colchonero empedernido y extremo habilidoso
Según se puede rescatar de crónicas y de la hemeroteca, Gaspar Zarrías tuvo un paso fugaz por el equipo de cantera del Atlético de Madrid en la etapa de la presidencia de Vicente Calderón. De él se dice que era un habilidoso extremo y que fue una lesión importante la que le apartó de los terrenos de juego para dedicarse íntegramente a la política tras mudarse de la capital de España a la provincia de Jaén, donde implantó una estructura socialista muy sólida.
Colchonero empedernido, tuvo la suerte de al menos vestir la camiseta de su equipo y soñar con hacer carrera a orillas del Manzanares. En entrevistas posteriores nunca ha ocultado su amor por el Atlético de Madrid y su afición por el Jaén. Se da la circunstancia de que además la provincia jienense es una de las que más seguidores atléticos congrega de toda España.
Esta pasión futbolera la ha seguido como aficionado y como político que ha hecho ‹migas› con los estamentos deportivos. Tras el calvario de los ERE fue designado en 2017 por un corto periodo de tiempo como asesor del presidente y como directivo de la Real Federación Andaluza de Fútbol (RFAF), organismo del que recibió el escudo de oro.



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