Tim Ries lleva días escuchando a Terremoto, al Torta, a Chocolate… Y casi se ‹parte la camiseta› hace unos días con Rancapino Chico interpretando el flamenco de pizarra en el Real Alcázar. El saxofonista de los Rolling Stones todavía pronuncia el nombre de la ciudad como «Sevil» pero va camino de convertirse en un ‹miarma› más, enamorado de una ciudad que asegura es única. Su flechazo con la guitarra de Rafael Riqueni ha conseguido un embutido musical muy interesante, del jazz a lo jondo y del flamenco a Nueva York.
«Yo de inglés hablo muy poco y entender, menos», explica Riqueni sobre cómo se conecta con el músico estadounidense. «Es un músico que lee a primera vista, algo increíble. También interpreta ritmos y canciones de nuestra tierra y lo hace de forma auténtica», señalaba el maestro sevillano mientras el jazzista de Detroit le devuelve los piropos y subraya durante una conversación abierta a medios el topicazo no menos cierto de que la música tiene un lenguaje propia y de que dos genios cada uno en su instrumento se pueden entender con la mirada.
Una conexión «profunda» con Sevilla
Presentan ‹Tunisia› en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Y para la preparación de este espéctaculo de libertada que tiene un mucho de improvisación, de dejarse llevar, y un poco de ir sembrando el diálogo sin ataduras. Tim Ries habla de matemáticas, de cosas que no se pueden explicar, de cómo él prefiere no entender la música como géneros sino como algo «deep», algo muy profundo, una ciencia celestial que le ha servido para conocer Sevilla.
Dice el saxofonista habitual de The Rolling Stones y otros conocidos artistas internacionales que Sevilla es como París o Roma, ciudades que tienen algo muy especial y muy difícil de explicar. Que durante estas semanas en Sevilla, donde ya se le ha visto tocando, se ha dejado de Google Maps y ha ido descubriendo la vida por las callejuelas, sentándose en terrazas a escuchar las conversaciones.
«Conozco varias ciudades de España y, por alguna razón, siento una conexión muy profunda con Sevilla. Me encanta caminar por sus calles, perderme por ellas y sentir la energía de la ciudad», recalca un músico que creció en la ciudad del motor, en una Detroit donde el sonido era el soul de la Motown y que ahora se sumerge en una especie de sueño con el flamenco.
Asegura que aquí el modo de vivir es más fluido, más relajada, que la musicalidad es diferente a la ciudad en la que vive, una Nueva York que vive estresada y que tiene otro ritmo, otra cadencia. Tim Ries se ha enamorado de Sevilla, habla con los taxistas sobre flamenco y sobre jazz, y vive encandilado del flamenco, de una música tan difícil de desentrañar pero que le encoge el alma. Dicen que más de una noche se le ha visto a las dos todavía paseando por esas calles con siglos de historia.
«Me apetecía hacer algo diferente»
Por su parte, Riqueni explica que Chick Corea fue una de las figuras que le introdujo en el jazz y que también ha transitado por Billie Holliday y otros artistas que le han dado ese añadido a sus propios conocimientos en el flamenco y en lo clásico. Con Tim Ries le «apetecía hacer algo diferente» y jugar a la improvisación, uno de los juegos más bonitos que existe.
En la Bienal de Flamenco tocarán juntos muchas canciones del repertorio riquenístico, pero quién sabe lo que puede surgir cuando se suben dos almas libres al escenarios. Dos músicos y una ciudad: Sevilla.
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