Ya no habrá que evocar el soleado año de 2010, Johannesburgo ni el estridente zumbido de las vuvuzelas para hablar del cénit futbolístico nacional. España es campeona del mundo, con todo lo que ello conlleva, y tras derrotar a la Argentina del mayor talento que ha visto este deporte, quién sabe si en su último campeonato. Fue Ferran, ¡oh, Ferran!, quien se vistió de Iniesta, de nuevo en la prórroga, para bordar una superestrella. La segunda sobre el escudo de la Selección, que alcanzó la excelencia futbolística tras el intermedio y desquició a la albiceleste, que se quedó con un hombre menos en el descuento.
Si hasta Los Vengadores tuvieron su relevo generacional, también debían tenerlo los Iniesta, Xavi, Villa y Ramos. Se forjaron durante más de una década, de decepciones y volantazos en una selección de nuevo plagada de talentos. Brotaron Lamine Yamal, Rodri, Dani Olmo y Pedri, con Oyarzabal como goleador silencioso y Mikel Merino en el papel de salvador agónico. Fueron poetas en Nueva York, que con sus versos eclipsaron al mismísimo Leo Messi. También Ferran, siempre cuestionado, que decidió esperar hasta la mismísima final para reclamar su sitio en la historia. Por esto ha enamorado a media España.
La Selección Española alcanzó la excelencia tras el intermedio y desquició a Argentina, que se quedó con un hombre menos en el descuento y sucumbió en la prórroga
Puede que no quisiera el destino que la Finalísima se disputara en su día porque la historia tenía reservado el mayor de los escenarios para el cruce entre España y Argentina, por más que en sí el encuentro no pueda pasar a la historia como la mejor de las finales. Se vistieron los dos conjuntos con el semblante sobrio que la ocasión requería, pero bastó un desajuste para desvelar que los 22 sobre el verde eran un manojo de nervios. En las gradas de Nueva York resonaba aún la voz de María Becerra, intérprete del himno argentino, pero los españoles solo escuchaban una pregunta: «¿Y por qué no?».
Al impulso de la reivindicación, España salió con el colmillo afilado, aunque lo disimuló con una invitación al baile. Un tango envenenado, que la albiceleste concedía con segundas intenciones. Pero no hizo falta mucho tiempo para comprobar que quien podía romperlo todo era Lamine con su ritmo reguetonero. Recibió junto a la línea y agitó el beat como lo hacían en la vieja escuela. Combinó con Dani Olmo, aunque le pudo la timidez al rematar.
El guion estaba escrito, más allá de que la tensión hiciera que alguno se olvidara su papel. España mandaba con Rodri a la batuta y Argentina esperaba el error como los atletas sobre el tartán, listos para salir disparados. Lo intentó en un par de ocasiones, pero De la Fuente había dispuesto cuatro perros de presa para proteger la casa. No eran más claros los acercamientos por el otro fondo. Fabián colgó un envío que escupió Lisandro y Lamine Yamal tensó otro a ras de hierba, un caramelo para el Dibu.
Era la película de la típica final, por más que el sol norteamericano pintara el duelo de amistoso veraniego y que Las Ketchup se colaran en la banda sonora durante la pausa de hidratación. Siguió todo igual tras el refresco, con España melosa y Argentina tosca. Punteó Fabián y Oyarzabal, con visión de túnel, enganchó el golpeo abajo, inocente. Luego se animó Cucurella, que cerró la aventura con un tiro demasiado cruzado desde lejos. La musculatura de Lisandro Martínez colapsó y Otamendi saltó en su lugar, a tiempo para disfrutar del show del intermedio. Fue, a decir verdad, lo más divertido hasta entonces. Porque el espectáculo español vendría después.
Shakira, telonera en el espectáculo de España
Se despidieron Shakira y compañía, con Ronaldinho y Ronaldo al volante, y pareció agitarse todo. Baena soltó un zapatazo, aletargados los albicelestes, sólido el Dibu; la réplica fue desde la esquina, aunque sin remate. Un espejismo en realidad. El nerviosismo todavía tensaba cada una de las fibras musculares en uno y otro bando, lo que encorsetaba cualquier atisbo de frenetismo en el juego.
De la Fuente se fue a Hogwarts en busca de una solución y se llevó a Pedri, descanso para Fabián. De camino, pescó al tiburón que ha conquistado a medio planeta, olfato para la vanguardia. La cosa, ya sí, cambió por completo. Dani Olmo, a la media vuelta, soltó una liebre que brincó justo frente al Dibu. Luego Lamine frotó la lámpara, con dificultades para colarse entre Mac Allister y Julián Álvarez. Llegó al confín del campo y puso la pelota a flotar para que Ferran Torres, que olió la sangre, conectara el frentazo. Ahora sí, Argentina sufría.
La pausa para la hidratación fue todo un tiempo muerto para los de Scaloni, que empezaban a obcecarse. El técnico acudió a Giuliano Simeone y a Facundo Medina para tratar de poner orden, pero la cosa se le había descontrolado demasiado. La final ya discurría al ritmo que quería España.
España empieza a divertirse
El duelo se iba a la ‘zona Merino’ y el navarro saltó de la mano de Nico Williams, más carga para cortocircuitar a Argentina. El que soltó la descarga, sin embargo, fue Cubarsí, potente el relámpago, aislantes las palmas del Dibu. El menor de los Williams gambeteó más tarde por la misma línea de fondo hasta que divisó el aterrizaje de Laporte en el área, centrado el cabezazo. A la albiceleste le empezaba a hervir la sangre y los cables se iban cruzando; España, en cambio, comenzaba a divertirse.
Los hechizos de Pedri agilizaban a La Roja. Un desmarque de Ferran, un zapatazo de Rodri… Scaloni sufría en el banco y a sus pupilos les embargaba el nerviosismo. Perseguían sombras que, a su alrededor, revoloteaban inalcanzables. Solo Giuliano, en un arrebato, logró marcharse para facturar un paquete que recibió Unai con gusto. La respuesta española fue diabólica, con Nico Williams echando chispas, aunque precipitado en el golpeo. Quisieron correr de vuelta los de franjas, pero no había quien desconcentrada a Cubarsí. Y a Enzo, que ya se había tintado de amarillo por protestar, le pudieron los pensamientos intrusivos.
La guadaña del mediocentro, ya en el alargue, convirtió en gesta las aspiraciones argentinas, con un hombre menos y una previsible prórroga por delante. Lamine Yamal, henchido de confianza, la intentó evitar en una falta, con tanta mala uva como potencia, pero se estiró felino el arquero para llevarlo todo al tiempo extra. Esta historia ya se la sabían en la Península.
Otra vez a la prórroga
Pedri esgrimía la varita y rebajaba las pulsaciones de España. Los corazones argentinos, en cambio, latían desbocados. Palmeó el portero el cabezazo de Nico Williams, que después sí la mandó a la red, aunque la acción fue invalidada.
Pudo haber entonces quien empezara a dudar, pero en el MetLife Stadium empezó a sonar una melodía de cuento de hadas, botín que se llevó Alicia de su viaje por el País de las Maravillas. Pedro Porro curvó el envío, lo descargó Nico Williams y apareció Ferran, iluminado, con la estrella en el empeine. Histórico.
Ficha técnica:
- España: Unai Simón; Pedro Porro, Pau Cubarsí, Laporte (Eric García, 99’), Cucurella; Fabián (Pedri, 62’), Rodri (Zubimendi, 99’); Lamine Yamal, Dani Olmo (Mikel Merino, 75’), Álex Baena (Nico Williams, 75’); y Oyarzabal (Ferran Torres, 62’).
- Argentina: Dibu Martínez; Montiel (Nahuel Molina, 58’), Romero (Medina, 70’), Lisandro Martínez (Otamendi, 44’), Tagliafico; De Paul (Giuliano Simeone, 70’), Enzo Fernández, Mac Allister, Nico González (Leandro Paredes, 46’); Leo Messi y Julián Álvarez.
- Gol: 1-0: Ferran Torres, min. 106.
- Árbitro: Slavko Vinčić, de la Federación de Eslovenia. Amonestó a los locales , así como a los visitantes Lisandro Martínez, Paredes, Cuti Romero. Expulsó a visitante Enzo Fernández por doble amonestación. También amonestó al técnico visitante, Scaloni.
- Incidencias: encuentro correspondiente a la final de la Copa del Mundo de la FIFA 2026, disputado en el estadio Nueva York/Nueva Jersey, ante 82.000 espectadores.



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