Montse Blanco es una ceutí residente en Málaga, pero estos días siente que está en su ciudad natal. Allí sigue su madre, con 86 años, su hermano y sus sobrinos. La distancia, como es evidente en este tipo de situaciones, pesa. «Estoy viviendo una situación personal de mucha intranquilidad, mucha desazón y mucha pena», reconoce, un sentimiento que comparte con muchos otros compatriotas. No poder estar junto a los suyos mientras atraviesan una situación que califica de «excepcional» le genera una sensación permanente de impotencia.
Su madre «apenas sale de casa, tiene miedo». La situación, explica Montse, ha alterado por completo su vida cotidiana. También la de su hermano y sus hijos. Su sobrino pequeño ha pasado el verano sin poder bajar a jugar a la plaza con sus amigos y sin poder disfrutar de la playa, convertida durante esos días en un lugar prácticamente intransitable.
Blanco estuvo en Ceuta durante parte de las vacaciones y pudo comprobarlo personalmente. El primer día pudo ir a la playa; el segundo, cuenta, «ya se convirtió en una situación insostenible». Desde Málaga, mientras tanto, seguía las noticias, recibía imágenes de su familia y trataba de ayudar de la única manera que podía: organizando una plataforma de apoyo que en pocas semanas ha adquirido una dimensión que ni ella ni sus compañeros esperaban.
Una iniciativa que nació casi por casualidad
La plataforma ‹Yo también soy Ceuta› nació de «manera espontánea». Un amigo de la ciudad, Emilio, comenzó a contactar con conocidos para interesarse por su situación y transmitirles ánimo. En una de esas conversaciones surgió una idea sencilla: en lugar de limitarse a llamar, pedir a la gente que enviara un vídeo diciendo desde dónde hablaba y mostrando su apoyo a Ceuta.
Blanco recibió la propuesta a través de unos amigos de Málaga y decidió darle un impulso a través de sus propias redes sociales. La respuesta, comenta, fue inmediata. «Empezaron a llegarme muchísimos, muchísimos», recuerda.
La plataforma suma ya más de 2.000 seguidores y acumula miles de visualizaciones y comentarios. Pero para Montse Blanco, las cifras son secundarias. Lo importante es el mensaje que hay detrás: «Es una inyección de positividad a Ceuta. Es decirle a la ciudad y a su gente que el mundo te apoya, que no estás solo».
«Esto no es una crisis migratoria normal»
La portavoz de la plataforma insiste en que los ceutíes no están en contra de la inmigración ni de quienes buscan una vida mejor. «Ceuta acoge a todo el que llega. Es algo innato al ceutí, al caballa», afirma. La convivencia entre cuatro culturas y la acogida a quienes llegan forman, a su juicio, parte de la identidad de la ciudad.
Lo que considera inasumible es que esa situación termine afectando a la vida cotidiana de los residentes. «Lo que no podemos admitir es que nuestra calidad de vida, nuestra vida y nuestro pan de cada día se vean afectados», señala.
Blanco va incluso más allá y rechaza definir lo sucedido como una crisis migratoria. «Yo esto no lo categorizo como crisis migratoria, lo categorizo como una invasión, como una ocupación del territorio», sostiene.
En su opinión, la llegada masiva de personas a Ceuta no puede compararse con los episodios anteriores de presión migratoria. «No te coinciden 80.000 personas que se meten en un país de repente», afirma. Recuerda que lo habitual en la ciudad es un goteo constante de personas que intentan cruzar la frontera, pero considera que una entrada masiva como la registrada responde a una situación completamente diferente.
Una cuestión que está «por encima de la política»
Blanco lamenta especialmente que la situación de Ceuta pueda quedar atrapada en la disputa política. Le produce, dice, «una desazón tremenda» que algunos ayuntamientos hayan decidido no participar en las movilizaciones de apoyo a la ciudad.
Para ella, no debería existir ningún debate partidista. «Esto no es ni de socialistas, ni de derechas, ni de izquierdas», defiende. Lo compara con la respuesta que se produce ante cualquier otra catástrofe que afecta a una población española.
«Cuando se produce una catástrofe ferroviaria, toda España está apoyando a ese pueblo, a esa ciudad o a esa población que se ha visto afectada. Cuando hay una DANA, todos estamos ahí dispuestos», argumenta.
Por eso no entiende que el caso de Ceuta tenga una lectura política. «Esto es un pueblo que ahora mismo está sufriendo, que lo está pasando mal, que no puede hacer su vida normal», sostiene. Las imágenes que llegan desde la ciudad, asegura, resultan difíciles de asumir para quienes han crecido allí. «Ves las imágenes y te cuesta trabajo reconocer que esas imágenes son de tu pueblo», explica.
A su juicio, además, lo ocurrido afecta a una cuestión que trasciende cualquier ideología: la soberanía nacional y la integridad territorial. «Toda España tiene que estar diciendo: quiero la integridad de mi territorio, independientemente del partido político al que milite o al que vote», afirma.
Críticas al Gobierno: «El apoyo es tardío»
La posición mantenida inicialmente por el Gobierno sobre el papel de Marruecos en lo ocurrido también genera una fuerte crítica por parte de Blanco. Al recordar las declaraciones de Pedro Sánchez previas a que se conocieran determinados informes, su conclusión es contundente: «O es muy torpe o nos están engañando una vez más».
La portavoz de ‘Yo también soy Ceuta’ considera insuficiente la respuesta del Ejecutivo y cuestiona la sucesión de visitas de miembros del Gobierno a la ciudad durante aquellos días.
«Yo estuve siete días de vacaciones allí. En los siete días ha habido siete ministros. Un ministro por día», relata. A su juicio, aquella presencia no se tradujo en una mejora visible de la situación. «Se iba y todo seguía exactamente igual. No cambiaba nada. Es más, todo ha ido a peor», asegura.
Lo que más le duele, explica, es sentir que el Gobierno no está defendiendo a Ceuta «como otra ciudad de España cualquiera». Recuerda que una situación similar podría haberse producido, a su juicio, en cualquier otro punto del territorio nacional.
Confianza en la resistencia de Ceuta
A pesar de todo, Blanco se resiste a perder el optimismo. «Yo siempre he sido una persona muy positiva», afirma. Por eso confía en que la situación tenga un final feliz y, sobre todo, en que llegue cuanto antes. Su esperanza está puesta en la capacidad de resistencia de los propios ceutíes. «El caballa es muy resistente. Ceuta resiste. A Ceuta no se le vence», proclama.
Porque detrás de la plataforma que ha ayudado a poner en marcha hay, en realidad, una reivindicación mucho más sencilla: que los ceutíes sepan que no están solos. «Es muy importante que todo el mundo conozca la situación de primera mano, de gente que somos de allí, porque no se ve igual desde fuera que desde dentro», concluye Blanco.



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